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lunes, 3 de marzo de 2014

La Conciencia y la Conciencia de sí mismo



Helena Blavatsky

El ciclo de la conciencia. Se argumenta que no puede haber más de un objeto de
percepción al mismo tiempo ante el alma, porque el alma es una unidad.

El Ocultismo enseña que nuestra conciencia puede recibir simultáneamente no menos de siete distintas impresiones, e inclusive pasarlas a la memoria.

Esto puede ser comprobado tocando al mismo tiempo siete tonos de la escala de un instrumento, digamos de un piano  los 7 sonidos alcanzarán la conciencia simultáneamente; aunque la conciencia no entrenada no pueda ser capaz de registrarlos al primer segundo, sus vibraciones prolongadas percutirán los oídos con 7 distintos sonidos, cada uno con un tono más alto que el otro. Todo depende del entrenamiento y de la atención. Es así que la transferencia de una sensación a la conciencia a partir de cualquier órgano es casi simultánea si la atención se concentra en ella, pero si la atención es distraída por cualquier ruido, llevará varios segundos antes de que alcance la conciencia. El Ocultista debería entrenarse a sí mismo para recibir y transmitir toda impresión o impresiones simultáneamente en el sentido de las siete escalas de su conciencia. Aquel que más reduzca los intervalos del tiempo físico, habrá hecho el mayor progreso posible.

1. Los nombres y el orden de las siete escalas son:

2. Percepción de los Sentidos.

3. Percepción de Sí mismo (o apercepción).

4. Apercepción Psíquica,

5. Percepción Vital.

6. Estas son las cuatro escalas inferiores y pertenecen al hombre psicofísico.

Luego vienen:

7. Los discernimientos Manásicos.

8. La percepción de la Voluntad

9. La  percepción consciente Espiritual.

El órgano especial de la conciencia está desde luego en el cerebro, y se localiza en el
aura de la glándula pineal en el hombre vivo. Durante los procesos de la mente o del
pensamiento manifestado a la conciencia, tienen lugar constantes vibraciones de luz. 
Si uno pudiese ver clarividentemente en el cerebro de un hombre vivo, casi podría contar (y ver con los ojos)los siete matices de las escalas sucesivas de luz, desde el más
lánguido hasta el más brillante.

Fisiológicamente nunca podrá ser definido lo que es la conciencia. Podemos clasificar
y analizar sus obras y sus efectos, pero no podremos definirla al menos que postulemos
un Ego distinto del cuerpo. La escala septenaria de los estados de conciencia se refleja
en el corazón, o más bien en su aura, la cual vibra e ilumina los siete cerebros del corazón
como lo hacen las siete divisiones o rayos alrededor de la glándula pineal.

Esta conciencia nos muestra la diferencia entre la naturaleza y la esencia entre, por
ejemplo, el cuerpo astral y el Ego. El primero es molecular, e invisible a menos que se
condense otro es espiritual-atómico.(Ver el ejemplo del fumador en diez cigarrillos el
humo de cada uno retendrá su afinidad).
La idea del Ego es la única compatible con los hechos de la observación psicológica.
La mente o Ego, el sujeto de todos y cada uno de los estados de conciencia es
esencialmente una unidad. Los millones de diferentes sub-estados de conciencia son
una prueba de la existencia de ese Ego.

Hasta las células del cerebro nos proporcionan esos estados de conciencia que nos
confirman que hay un alma inmortal, etc.
Cada uno de los cinco sentidos aceptados actualmente fue primariamente un sentido mental. Un pez nacido en una caverna es ciego pero si se le deja salir a un río,
comenzará a sentir que ve, hasta que gradualmente el órgano físico de la visión
evolucione y llegue a ver. Un hombre sordomudo oye internamente, a su manera.
Conocer, sentir, querer, no son facultades de la mente sino sus colegas.

Este texto es posiblemente el comienzo inacabado de un artículo escrito por H.P.B. el cual existe en los archivos de Adyar en un manuscrito de su puño y letra. Originalmente fue publicado en The Theosophist, Vol.XLVI,No.11,agosto,1925,pp.632-34,el cual se reprodujo de acuerdo a C.Jinarâjadâsa, exactamente como lo escribió H.P.B. Nota de Boris de Zirkoff.
Ver Atma Vidyâ N º.4,Diagrama del cerebro,p.6 y las explicaciones acerca de la glándula pineal en pp.
10-12.(Editor).

Ver Atma Vidyâ N º.2,pp.27-28 (Editor).

jueves, 27 de febrero de 2014

La Ciencia de La Magia

PRUEBAS DE SU EXISTENCIA – MÉDIUMS EN TIEMPOS ANTIGUOS, ETC, ETC

POR LA SEÑORA BLAVATSKY1

[Spiritual Scientist, Boston, Volumen III, 14 de octubre de 1875, páginas 64-65]

 Estando de visita en Ithaca, donde los periódicos espirituales en general, y el Banner of Light en particular, se leen muy poco, pero donde, afortunadamente, el Scientist ha encontrado hospitalidad en varias casas, conocí a través de tu periódico del intensamente interesante y muy erudito ataque en un editorial del Banner, sobre la “Magia”; o mejor sobre aquellos que tienen la idiotez de creer en la Magia.

 Como indirectas que me conciernen – al menos en el fragmento que veo – están muy decentemente veladas, y, como parece, el coronel Olcott solo, ahora mismo, es ofrecido a manera de piadoso Holocausto en el altar erigido al mundo angelical por algunos Espiritualistas, que parecen ser terriblemente serios, yo – dejando que el citado caballero cuide de sí mismo, ya que piensa que merece su preocupación – procederé a decir unas pocas palabras sólo, en referencia a la presunta inexistencia de la Magia. Si fuera a dar algo sobre mi propia autoridad, y basar mi defensa de la Magia sobre lo que he visto yo misma, y sabido que era cierto en relación a esa ciencia, como residente durante muchos años en la India y África, podría, quizás, arriesgarme a ser llamada por el señor Colby – con esa cortesía sin prejuicios y espiritualizada, que así distingue al venerable editor del Banner of Light – “una irresponsable mujer”; y no sería tampoco por primera vez.

 Además, a esta asombrosa afirmación de que ninguna magia de cualquier tipo existe o ha existido en este mundo, intentaré encontrar expertos tan buenos como él mismo, y quizás mejores y así proceder educadamente a contradecirle sobre ese punto en particular. Los Espiritualistas Heterodoxos, como yo misma, debemos ser cautos en nuestros días y proceder con prudencia, si no desean ser perseguidos con toda la incansable venganza de ese poderoso ejército de “Autoridades Indias” y “Guías Misceláneos” de nuestra brillante Tierra de Verano.

Cuando el escritor del editorial dice que “él no cree en absoluto improbable que haya espíritus embusteros que traten de engañar a ciertos aspirantes al conocimiento Ocultista, con la noción de que existe una cosa llamada Magia” (¿) entonces, por otro lado, puedo responderle que yo, no sólo lo creo probable, sino que estoy completamente segura, y puedo llevar mi juramento a la certeza, de que en más de una ocasión, espíritus, que eran o elementales o espíritus muy poco evolucionados, llamándose a sí mismos Theodore Parker, han estado indudablemente engañando e irrespetuosamente embaucando a nuestro más que estimado Editor del Banner of Light con la idea de que los Apeninos estaban en España, por ejemplo. 

Además, apoyada en mis afirmaciones por miles de Espiritualistas inteligentes, generalmente conocidos por su integridad y veracidad, puedo proporcionar innumerables pruebas y ejemplos en que los Diakka Elementales, espíritus malignos y trasgos, y otros moradores similares del mundo espiritual poco fiables e ignorantes, ataviándose con nombres pomposos, conocidos y famosos, de repente dieron a los testigos desconcertados una basura tan deplorable, de la que nunca nadie había oído hablar y cháchara absurda, y en ocasiones algo peor, que más de una persona que, antes de eso, era un serio creyente en la filosofía espiritual, o ha retrocedido silenciosamente, o, si resulta que había sido anteriormente un Católico Romano, ha intentado devotamente recordar con qué mano solía hacer la señal de la cruz, para después irse con la más ferviente exclamación de ¡Vade retro, Satanas! Tal es la opinión de todo Espiritualista culto.

 Si ese indómito Atila, el perseguidor de Espiritualistas modernos y médiums, el doctor G. Beard, hubiera ofrecido tal comentario contra la Magia, no me hubiera sorprendido, ya que una demasiado profunda devoción a la píldora azul y a la cerveza negra es considerada generalmente el mejor antídoto contra las especulaciones místicas y espirituales; pero para un firme Espiritualista, un creyente en invisibles, misteriosos mundos, abarrotados de seres, la verdadera naturaleza de los cuales es aun un misterio sin desentrañar para todos – ¡intervenir y rechazar sarcásticamente lo que se ha demostrado que existe y en lo que se ha creído durante incontables edades por millones de personas más sabias que yo, es demasiado audaz! ¡Y ese escéptico es el editor de un periódico espiritual líder! Un hombre, cuyo primer deber debería ser, ayudar a sus lectores a buscar – incansable y perseverantemente – la VERDAD en cualquier forma que se pueda presentar; pero que asume el riesgo de arrastrar a miles de personas al error, clavándoles a su personal fe de agua de rosas y credulidad.

Todo serio, decidido Espiritualista debe coincidir conmigo, al decir, que si el Espiritualismo moderno continúa, durante unos pocos años solo, en su actual condición de anarquía caótica, o aún peor, si es permitido correr su desenfrenada carrera, disparando hacia todos los lados, frívolas hipótesis basadas en ideas supersticiosas y sin base, entonces el doctor Beard, el doctor Marvins y otros, conocidos como escépticos científicos (¿) triunfarán efectivamente. Realmente, parece una pérdida de tiempo responder a afirmaciones tan ridículas e ignorantes como la que me ha forzado a coger mi pluma.

Cualquier Espiritualista bien informado, que encuentre la frase “que jamás hubo una ciencia tal como la magia, nunca se ha probado y nunca se probará” no necesitará respuesta de mi parte ni de la de nadie, para causar en él un encogimiento de hombros y una sonrisa, como probablemente ha sonreído, ante el maravilloso intento de los espíritus del señor Colby de reorganizar la geografía situando los Apeninos en España. ¿Por qué, hombre vivo, nunca abriste un libro en tu vida, aparte de tus propios registros de Tom, Dick y Harry descendiendo de esferas superiores para recordar a su Tío Sam que ha roto sus polainas o roto su pipa en el Lejano Oeste? ¿Supusiste que la Magia está confinada a brujas que vuelan en escobas y se convierten en gatos negros? Incluso la última basura supersticiosa, aunque nunca se llamó Magia, sino brujería, no parece un absurdo tan difícil de creer para alguien que acepta, que cree firmemente en la transfiguración de la señora Compton en Katie Brinks.

Las leyes de la naturaleza son inmutables. Las condiciones bajo las cuales un médium puede transformarse, enteramente absorbido en el proceso por el espíritu, en la apariencia de otra persona, serán válidas cuando quiera que ese espíritu o mejor fuerza tenga el antojo de tomar la forma de un gato. El ejercicio del poder mágico es el ejercicio de poderes naturales, pero SUPERIORES a las funciones normales de la Naturaleza. Un milagro no es una violación de las leyes de la Naturaleza, excepto para la gente ignorante. La Magia no es sino una ciencia, un profundo conocimiento de las fuerzas Ocultas en la Naturaleza, y de las leyes que gobiernan el mundo visible e invisible.

 El Espiritualismo en las manos de un adepto se torna en Magia, ya que él está versado en el arte de combinar juntas las leyes del Universo, sin romper ninguna de ellas, y de ese modo violando a la Naturaleza. En las manos de un médium experimentado, el Espiritualismo se torna BRUJERÍA INCONSCIENTE; ya que, permitiendo convertirse en la herramienta indefensa de una variedad de espíritus, de los cuales no sabe nada excepto lo que éstos le permiten saber, él abre, desconocida para el mismo, una puerta de comunicación entre los dos mundos; a través de la cual emergen las ciegas fuerzas de la Naturaleza que acechan en la Luz Astral, así como buenos y malos espíritus. Un poderoso hipnotizador, profundamente sabio en su ciencia, como el Barón Du Potet, Regazzoni, Pietro d’Amicis de Bologna, son magos, porque se han convertido en los adeptos, en los iniciados, en los grandes misterios de nuestra Madre Naturaleza. Tales hombres como los arriba mencionados – y tales eran Mesmer y Cagliostro – controlan a los espíritus en lugar de permitir que sus sujetos o ellos mismos sean controlados por ellos; y el Espiritualismo está a salvo en sus manos.

 En la ausencia de Adeptos experimentados, siempre es más seguro para un médium naturalmente clarividente confiar en la buena suerte, y tratar de juzgar el árbol por sus frutos. Los malos espíritus raramente se comunicarán a través de una persona pura, naturalmente buena y virtuosa; y es aún más raro que los espíritus puros escojan canales impuros.

 Lo similar se atrae. Pero volviendo a la Magia. Hombres tales como Albertus Magnus, Raymond Lully, Cornelius Agrippa, Paracelso, Robert Fludd, Eugenius Philalethes, Khunrath, Roger Bacon y otros de similar carácter, en nuestro escéptico siglo, son tomados generalmente por visionarios, pero así, también, son tomados los Espiritualistas modernos y médiums – si no peor, por charlatanes y cobardes; pero jamás fueron los Filósofos Herméticos tomados por cualquiera como locos e idiotas, como, desafortunadamente para nosotros y para la Causa, cada no creyente nos toma A TODOS nosotros creyentes en el Espiritualismo.

 Aquellos Herméticos y filósofos pueden no ser creídos y se puede dudar de ellos ahora, como se duda de todo lo demás, pero muy pocos dudaron de su conocimiento y poder cuando vivían, ya que siempre podían probar lo que proclamaban, teniendo el poder sobre esas fuerzas que ahora dirigen a mediums impotentes. Tenían su ciencia y filosofía demostrada para ayudarles a tirar abajo las ridículas negaciones, mientras que nosotros sentimentales Espiritualistas, estremeciéndonos nosotros mismos al dormir con nuestro “Dulce futuro”, somos incapaces de reconocer un fenómeno espurio de uno auténtico, y somos diariamente engañados por viles charlatanes. Incluso aunque se dude que sea Espiritualismo en nuestros días, estos filósofos todavía eran respetados y reverenciados, incluso por aquellos que no creían implícitamente en su potencia Oculta, porque eran gigantes del intelecto.

 El profundo conocimiento, así como los poderes intelectuales cultos, siempre serán respetados y reverenciados; pero nuestros médiums y sus partidarios son motivo de risa y burla, y todos somos obligados a sufrir, porque los fenómenos son dejados a los caprichos y bromas de obstinados y traviesos espíritus, y somos totalmente incapaces de controlarlos. Dudar de la Magia es rechazar la Historia misma así como el testimonio de testigos oculares de la misma, durante un período que abarca 4000 años. Comenzando por Homero, Moisés, Hermes, Herodoto, Cicerón, Plutarco, Pitágoras, Apolonio de Tyana, Simón el Mago, Platón, Pausanias, Iámblico, y siguiendo esta interminable cadena de grandes hombres, historiadores y filósofos, que todos ellos creyeron en la magia o eran magos ellos mismos, y acabando con nuestros autores modernos como W. Howitt, Ennemoser, H.R, Gougenot des Mousseaux, el Marqués de Mirville y el posterior Eliphas Levi. que fue un mago él mismo – entre todos estos grandes nombres y autores, no encontramos sino al solitario señor Colby, Editor del Banner of Light, que ignora que siempre ha habido una ciencia conocida como Magia.

Él inocentemente cree a la totalidad del sagrado ejército de profetas de la Biblia, comenzando por el Padre Abraham, incluyendo a Cristo, que eran únicamente mediums; ¡a los ojos del señor Colby todos ellos estaban actuando bajo control! ¡Imaginad a Cristo, Moisés, o a Apolonio de Tyana, controlados por un guía Indio! El venerable editor ignora, quizás, que los mediums espirituales eran mejor conocidos en aquellos días por los antiguos, que lo que lo son ahora para nosotros, y parece ser igualmente inconsciente del hecho de que las inspiradas Sibilas, Pitonisas y otros mediums, eran completamente guiadas por sus Sumos Sacerdotes y por aquellos que estaban iniciados en la Teurgia Esotérica y los misterios de los Templos. La Teurgia era Magia; como en los tiempos modernos, las Sibilas y Pitonisas ERAN MEDIUMS; pero sus Sumos Sacerdotes eran magos.

 Todos los secretos de su teología, que incluían la magia, o el arte de invocar espíritus auxiliadores, estaban en sus manos. Ellos poseían la ciencia de DISTINGUIR ESPÍRITUS; una ciencia que el señor Colby no posee en absoluto – muy a su pesar sin duda. Mediante este poder controlaban a los espíritus a voluntad, no permitiendo sino a los buenos absorber a sus mediums.

 Tal es la explicación de la magia – la real, existente. La magia blanca o sagrada, que debería estar en las manos de la ciencia ahora, y sería, si la ciencia hubiera aprovechado las lecciones que el Espiritualismo ha enseñado inductivamente durante estos últimos veintisiete años. Esa es la razón por la que no se permitía recibir basura de espíritus poco evolucionados en la antigüedad.

 Los oráculos de las Sibilas y las sacerdotisas inspiradas nunca hubieran podido afirmar que Atenas era una ciudad de la India, o trasladar el Monte Ararat de su lugar a Egipto.

 Si el escritor escéptico del editorial hubiera, además, dedicado más tiempo a los pequeños espíritus Indios parloteadores y más a lecturas provechosas, podría haber aprendido quizás al mismo tiempo, que los antiguos tuvieron sus mediums ilegales – me refiero a aquellos que no pertenecía a ningún Templo especial, y así los espíritus les controlaban, al no estar vigilados por la experta mano de los magos, eran abandonados a su suerte, y tenían todas las oportunidades posibles para efectuar sus travesuras en sus indefensas herramientas; que tales mediums fueran generalmente considerados obsesos y poseídos, que lo estaban de hecho, en otras palabras, y de acuerdo con la fraseología de la Biblia “tenían los siete diablos dentro de ellos”. Además estos mediums eran ordenados ejecutar, por el intolerante Moisés, el mago, que era un erudito en la sabiduría de Egipto, dijo, “Tú no tendrás que soportar a una bruja para vivir”.

Sólo los Egipcios y los Griegos, incluso más humanos y justos que Moisés, les tomaban para sus templos, y si se les encontraba inapropiados para los deberes sagrados de la profecía [ellos] eran curados, de la misma forma que Jesucristo curó a María de Magdala y a muchos otros, “expulsando a los siete diablos”.
O el señor Colby y compañía deben negar completamente los milagros de Cristo4, los Apóstoles, Profetas, Taumaturgos y Magos, así negar a quemarropa cada pedazo de las historias sagradas y profanas, o debe confesar que hay un PODER en este mundo que puede controlar a los espíritus, al menos a los malos y poco evolucionados, los elementales y Diakka.

Los puros, los desencarnados nunca descenderán a nuestra esfera, a menos que sean atraídos por una corriente de poderosa simpatía y amor, o en alguna misión útil. Lejos de mí el pensamiento de arrojar odio y ridículo sobre nuestros mediums. Yo misma soy una Espiritualista si, como dice el coronel Olcott, una firme creencia en la inmortalidad de nuestras almas y el conocimiento de una constante posibilidad para nosotros de comunicarnos con los espíritus de nuestros seres queridos fallecidos, ya sea a través de mediums puros y honestos, o por los medios de la Ciencia Secreta, constituye un Espiritualista.

 Pero yo no soy como aquellos fanáticos Espiritualistas, que se encuentran en todos los países, que aceptan ciegamente las declaraciones de cualquier “espíritu”, porque yo he visto muchos y variados fenómenos, inimaginables en América. Yo sé que la MAGIA existe, y 10.000 editores de periódicos Espirituales no pueden cambiar mi creencia en lo que sé. Hay una magia blanca y otra negra; y nadie que haya viajado alguna vez por Oriente, puede dudar de ello, si se ha tomado la molestia de investigar. Siendo mi fe firme yo estoy además, siempre dispuesta a apoyar y proteger a cualquier médium honesto – sí, e incluso ocasionalmente a uno que parezca deshonesto; porque yo sé demasiado bien, qué indefensas herramientas y víctimas son tales mediums en las manos de seres poco evolucionados e invisibles. Soy además consciente de la malicia y la maldad de los elementales, y hasta dónde pueden inspirar no sólo a un medium sensitivo, sino a cualquier otra persona también.

Aunque pueda ser una “mujer irresponsable” a los ojos de aquellos que no son sino “demasiado responsables” del daño que hacen a los Espiritualistas SERIOS con su injusticia, parcialidad y sentimentalismo espiritual, me siento segura al decir, que generalmente soy lo bastante rápida en detectar cuándo un medium está engañando bajo control o engañando conscientemente. Así la magia existe y ha existido siempre desde las edades prehistóricas. Comenzó en la historia con los misterios Samotracios, siguió su curso ininterrumpidamente, y acabó durante un tiempo con los caducos ritos teúrgicos y ceremonias de la Grecia cristianizada; entonces reapareció durante un tiempo de nuevo con la escuela de Alejandria Neoplatónica, y pasando, por iniciación, a diversos estudiantes solitarios y filósofos, cruzó a salvo la época medieval, y a pesar de la furiosa persecución de la Iglesia, reanudó su fama en las manos de adeptos como Paracelso y varios otros, y finalmente murió en Europa con el Conde de Saint-Germain y Cagliostro, para buscar refugio del corazón congelado del escepticismo en su país nativo de Oriente. En la India, la magia nunca ha muerto, y florece allí tan bien como siempre.

 Practicada, como en el antiguo Egipto, sólo dentro del recinto secreto de los Templos, fue, y aún es, llamada la “ciencia sagrada”. Porque es una ciencia, basada en las fuerzas ocultas de la Naturaleza; y no meramente una ciega creencia en la charla de loro de astutos elementales listos para evitar por la fuerza que los verdaderos espíritus desencarnados se comuniquen con sus seres queridos cuando puedan hacerlo. Hace algún tiempo, un tal señor Mendenhall dedicó varias columnas en el Religio-Philosophical Journal, para cuestionar, interrogar y criticar a la misteriosa Hermandad de Luxor. Hizo un infructuoso intento de forzar a dicha Hermandad a contestarle, y así desvelar la esfinge. Puedo satisfacer al señor Mendenhall, LA HERMANDAD DE LUXOR es una de las secciones de la Gran Logia de la que yo soy un miembro.

Si este caballero considera cualquier duda a mi afirmación – que no tengo ninguna duda que lo hará – él puede, si quiere, escribir a Lahore pidiendo información, si por casualidad, los Siete del Comité fueran tan groseros como para no contestarle, y rehusaran darle la información deseada, puedo entonces ofrecerle una pequeña transacción comercial. El señor Mendenhall, por lo que yo sé, tiene dos esposas en el mundo de los espíritus. Estas dos mujeres se materializan en la casa de M. Mott, y a menudo mantienen conversaciones muy largas con su marido, como éste nos dijo en varias ocasiones, y sobre su propia firma; añadiendo, además, que él no tenía ninguna duda de la identidad de los mencionados espíritus.

 Si es así, dejemos que una de las fallecidas mujeres le diga al señor Mendenhall el nombre de esa sección de la Gran Logia a la que yo pertenezco. Para los espíritus desencarnados reales y auténticos, si ambas son lo que dicen ser, el asunto es más que fácil; no tienen sino que preguntar a los otros espíritus, leer mis pensamientos, y así sucesivamente; para una entidad desencarnada, un espíritu inmortal, es la cosa más fácil del mundo. Entonces, si el caballero al que estoy desafiando, aunque estoy privada del placer de conocerle, me dice el verdadero nombre de la sección – cuyo nombre tres caballeros en Nueva York, que son discípulos aceptados de nuestra Logia, conocen bien – me comprometo a darle al señor Mendenhall la verdadera declaración concerniente a la Hermandad, que no está compuesta de espíritus, como puede creer, sino de mortales vivos, y yo, además, si lo desea, le pondré en comunicación directa con la Logia como he hecho para otros. 5Me parece que el señor Mendenhall contestará que no puede ser dado tal nombre correctamente por los espíritus, porque no existe tal Logia o Sección en absoluto, y así zanjar la discusión.

 Notas: 1.- Este artículo fue escrito por H.P.B. como respuesta al señor Colby que negaba en el Banner of Light la existencia de la Magia. Después de que el recorte fuera pegado en su Álbum, Volumen I, páginas 70-71, H.P.B. hizo algunos comentarios con pluma y tinta, que son aquí mostrados como notas a pie de página añadidas como indicó la propia H.P.B. – Compilador] 2.- En su Álbum de recortes de prensa, Volumen I, página 32, H.P.B. añadió los siguientes comentarios a un recorte que describía sesiones espiritistas con la señora Compton: Esta señora Compton es una médium realmente maravillosa. Es una verdadera batería eléctrica manejada por los Elementales. – Compilador. 3.- Éxodo, 5, xxii 18 4.- Si es que vivió alguna vez, que es más que dudoso. 5.- H.P.B. añadió al margen: “Y eso hizo – me insultó de una manera vil en los periódicos por mi oferta. ¡Los espíritus demostraron ser ignorantes!” Es más probable, sin embargo, que esto se refiera a la última frase del artículo. – Compilador.

Insinuaciones Prácticas para la vida diaria


                                           (Some Words on Daily Life, 1888) 
                                                          

H. P.Blavatsky        

PREFACIO


 Las citas de que está compuesto este artículo no se entresacaron en un principio con el propósito de publicarlas; y por lo tanto pueden parecer algo deslavazadas.

 Vieron primeramente la luz como una Miscelánea teosófica, con la esperanza de que el lector pudiera hacer las convenientes anotaciones para formar un dietario de extractos y tener un duradero registro de los libros leídos, de modo que allegara positivo provecho de su lectura. Siguiendo este método, el lector condensaría en un breve espacio todo cuanto le pareciera esencial en el libro.

 También se insinúa como de valiosa ayuda para el estudiante aplicado, el método de leer cada mañana cierto número de citas, a fin de practicarlas durante el día y meditar sobre ellas en los ratos desocupados.

 I

 Levántate temprano, tan luego como te despiertes, y no te quedes perezosamente en la cama, medio despierto y medio soñando. Después ora fervorosamente por la regeneración espiritual del género humano, a fin de que cuantos luchan en el sendero de la verdad reciban positivo y vehemente aliento de tus oraciones, que tú te fortalezcas sin ceder al halago de los sentidos. Represéntate en la mente la imagen de tu Maestro arrobado en Samâdhi. Pónla delante de ti con todos sus pormenores; piensa reverentemente en él, y ruega por el perdón de todos los errores de acción y omisión.

 Con esto te será más fácil concentrarte, purificar el corazón y hacer mucho más. Reflexiona sobre los defectos de tu carácter, descubriendo por completo tus vicios y los fugaces placeres que te proporcionan, y determínate firmemente a hacer todo cuanto puedas para no ceder nuevamente a ellos. Este auto–análisis, que te lleve ante el tribunal de tu propia conciencia, facilitará tu progreso espiritual en un grado que no podrías imaginar.

 Mientras te laves o bañes, ejercita tu voluntad, deseando que las impurezas morales se eliminen al propio tiempo que las corporales. En tus relaciones con los demás observa las reglas siguientes:

 1º Nunca hagas nada que no sea de tu deber; esto es, nada innecesario. Antes de hacer una cosa, reflexiona si debes hacerla.

2º Nunca hables palabras ociosas. Antes de pronunciarlas, piensa el efecto que pueden producir. Nunca quebrantes tus principios de conducta por consideraciones de amistad.

 3º Que nunca ocupen tu mente vanos o inútiles pensamientos. Esto es más fácil para dicho que para hecho. No es posible desalojar de golpe la mente. Así, en un principio, procura evitar los malos u ociosos pensamientos, ocupando tu mente en el examen de tus faltas o en la contemplación de los seres perfectos.

 4º Durante la comida, ejercita tu voluntad, deseando que el alimento te aproveche para construir un cuerpo en armonía con tus espirituales anhelos, y no engendrar malas pasiones ni malignos pensamientos. Come únicamente cuando tengas hambre y bebe cuando tengas sed, y nunca de otro modo. Si algún manjar especial halaga tu paladar, no cedas a la tentación de comerlo tan sólo para satisfacer el gusto. Acuérdate de que el placer que de ello obtengas no existía algunos segundos después, y cesara de existir algunos segundos después, porque es un placer transitorio que se invertirá en dolor si te rindes a la gala. Considera que sólo da placer a la boca, y si te dejas seducir por aquel manjar y te conturba el apetito de saborearlo, no te avergonzarás de cometer cualquiera acción para obtenerlo.

 Repara en que hay otras cosas que pueden darte felicidad eterna; y por lo tanto y es evidente locura concentrar tus afectos en las transitorias. Advierte que tú no eres el cuerpo ni los sentidos; y por consiguiente no pueden afectarte realmente los placeres y dolores que el cuerpo goce o padezca. Practica la misma, serie de razonamientos en el caso de cualquiera otra tentación; y aunque a menudo fracases acabarás por lograr éxito seguro.

No leas mucho. Si lees durante diez minutos, reflexiona durante algunas horas. Acostúmbrate a la soledad y a permanecer a solas con tus pensamientos. Asimílate la idea de que nadie sino tú mismo puede ayudarte a desviar gradualmente tus afectos de todas. las cosas. Antes de entregarte al sueño, ora como hiciste por la mañana. Pasa revista a las obras del día, y echa de ver en qué has faltado, y resuelve que no volverás a incurrir en la misma falta al día siguiente.

 II

 El genuino motivo de anhelar el conocimiento de sí mismo pertenece al conocimiento y no al Yo. El conocimiento de sí mismo merece que lo anhelemos a causa de que es conocimiento, y no porque pertenezca al Yo. El principal requisito para adquirir el conocimiento de sí es el amor puro. Anhela el conocimiento por puro amor y el conocimiento coronará eventualmente el esfuerzo. Cuando un estudiante se impacienta, es prueba segura de que obra por la recompensa, no por amor, lo cual demuestra también que no merece la gran victoria reservada a quienes verdaderamente obran por puro amor.

 El Dios en nosotros, esto es, el Espíritu de amor y verdad, de justicia y sabiduría, de bondad y poder, ha de ser nuestro verdadero y constante amor; nuestra única confianza; nuestra única fe, que firme como una roca nos apoyemos en ella; nuestra sola esperanza, que nunca nos engañará aunque todo perezca; y el único logro a que aspiremos con nuestra paciencia, esperando gozosamente hasta agotar nuestro mal karma y que la presencia del divino Redentor se revele en nuestra alma.


 El contento es la puerta por donde ha de entrar el Redentor, porque quien está descontento de si mismo, lo está también de la ley que lo ha hecho tal como es; y siendo Dios de por Sí la ley, no podrá revelarse en quienes estén descontentos de El. Si admitimos que nos hallamos en la corriente de evolución, debemos considerar que son para nosotros justas todas las circunstancias en que nos hallemos; y a esta consideración será nuestro mayor auxilio cuando fracasemos en el cumplimiento del deber, pues no podemos adquirir de ningún otro modo la serenidad que tanto recomienda Krishna. Si todo nos saliese a la medida de nuestro deseo, no echaríamos de ver ningún contraste.

 También es posible que por estar nuestros planes ignoradamente y en consecuencia erróneamente trazados, la benéfica Naturaleza no permite que los realicemos. No se nos vituperará por el plan; pero engendraremos mal karma si no nos resignamos a la imposibilidad de llevarlo a cabo. Si estás por entero abatido, será porque antes decayeron tus pensamientos. Puede un hombre estar encarcelado, y sin embargo trabajar en favor de una causa. Así os exhorto a que eliminéis de vuestra mente todo disgusto por las circunstancias en que os veáis, y si conseguís considerarlas según las miras de vuestro Yo superior, no sólo vigorizarán vuestros pensamientos, sino que se reflejarán en vuestro cuerpo y lo fortalecerán. Obrad activamente cuando sea hora de obrar, y entretanto esperad con paciencia que llegue esta hora.

Colocaos en concordancia con el flujo y reflujo de los negocios de la vida, a fin de que apoyados en la naturaleza y en la ley y con la verdad y la bondad por faro, seáis capaces de obrar maravillas. La ignorancia de esta ley tiene por consecuencia alternativas de irreflexivo entusiasmo por una parte y de abatimiento y desconsuelo por otra, siendo así el hombre esclavo de la marea de la vida cuando debiera ser su dueño. Como dice La voz del Silencio:

Ten paciencia, candidato, y no temas el fracaso ni solicites el éxito. La energía acumulada no puede aniquilarse, sino que se transmuta en otras modalidades de actuación; y como no es posible que permanezca por siempre inactiva, continúa existiendo. Por lo tanto es inútil resistir a una pasión que no podemos dominar. Si no derivamos por otros conductos su acumulada energía, se irá robusteciendo hasta que prevalezca contra la voluntad y la razón. Para dominarla es preciso conducirla por otro canal superior al por el que iba. Así la afición a una cosa vulgar puede transmutarse en afición a una cosa elevada, y el vicio puede revertirse a virtud con sólo invertir el propósito. La pasión es ciega; va a donde se la lleva, y la razón es para ella mucho mejor guía que el instinto.


 La cólera reconcentrada o el amor reprimido han de encontrar un objeto en que verter su energía, pues de lo contrario amenazan estallar con peligro de su poseedor. La calma sigue a la tormenta. Los antiguos decían que la naturaleza tiene horror al vacío. No podemos destruir o aniquilar una pasión, pues si la sofocamos vendrá a substituirla otra influencia elemental. Por lo tanto, no intentemos destruir lo inferior sin substituirlo por algo superior: el vicio por la virtud, y la superstición por el conocimiento . III Sabed que contra el deseo, la apetencia de recompensa y la miseria de la ambición, no hay otro remedio que fijar la vista y aplicar el oído a lo invisible e insonoro .

 Debe el hombre creer en su congénita facultad de progreso, y no atemorizarse al considerar su naturaleza superior ni dejarse arrastrar por la inferior . La experiencia demuestra que las dificultades no han de abatir al hombre, ni mucho menos desesperanzarle, pues de lo contrario el mundo no gozaría de las maravillas de la civilización . Esforzarse en seguir adelante es la primordial necesidad del que ha entrado en el Sendero. ¿De dónde extraer la fortaleza? Mirando alrededor, no es difícil echar de ver en donde encuentran otros hombres su fortaleza.

 Dimana de la profunda convicción . Hay que abstenerse por ser de justicia, el abstenerse, no con el solo intento de mantenerse uno limpio . Para pelear contra sí mismo y vencer en la batalla es preciso que el hombre conozca que en la pelea está haciendo lo que debe hacer . “No resistáis al mal”; es decir, no os quejéis ni irritéis contra los inevitables infortunios de la vida. Olvidaos de vosotros mismos al trabajar en beneficio de los demás. Si alguien nos ultraja, persigue o injuria ¿a qué resistir? Con la resistencia provocaríamos mayores males. En toda obra, sea la que sea, hemos de considerar el mandato imperativo del deber, y no su relativa importancia o insignificancia. El mejor remedio para el mal, no es reprimir, sino eliminar el deseo; y esto puede con mayor eficacia cumplirse manteniendo la mente de continuo fija en las cosas divinas. El conocimiento del Yo superior queda invalidado cuando la mente se complace en los objetos de los desenfrenados sentidos .

 Nuestra naturaleza es tan ruin, soberbia, ambiciosa, concupiscente y entercada en sus juicios y opiniones, que si las tentaciones no la restringiesen se arruinaría por completo. En consecuencia, nos acomete la tentación a fin de que aprendamos a conocernos y seamos humildes. La mayor tentación es no tener tentaciones, y así debemos alegrarnos al vernos tentados, para con resignación, calma y constancia resistir a la tentación . Considera que no has de hacer nada sólo para ti mismo, sino que has de cumplir los deberes prescritos por Dios. Anhela encontrar a Dios y no busques lo que Dios te pueda dar . Haz todo cuanto hayas de hacer; pero no con el propósito de recibir el fruto de la acción . Si cumples todas tus acciones con el pleno convencimiento de que no te han de allegar provecho personal, sino que las haces porque es tu deber y está en tu temperamento el hacerlas, se debilitará gradualmente la personalidad egoísta hasta que, por completo apaciguada, brille en todo su esplendor el verdadero Yo y lo conozcas.


 No debes consentir que la alegría ni la pena te desvíen de tu resuelto propósito . Hasta que el Maestro te acepte, trabaja abnegadamente por el progreso y adelanto de la humanidad. Esta es lo único que te proporcionará verdadera satisfacción. El conocimiento aumenta en razón directa de su uso; esto es, cuanto más enseñamos, más aprendemos. Por lo tanto, busquemos la verdad con la confianza de un niño y la voluntad de un iniciado, comunicando nuestro conocimiento a quien de él carezca, para confortarle en su peregrinación.


 El discípulo debe reconocer plenamente que los derechos individuales son el resultado ponzoñoso de la serpiente del egoísmo. Nunca puede recriminar ni censurar a nadie ni levantar la voz para defenderse o disculparse. Ningún hombre es nuestro enemigo ni nuestro amigo. Todos son por igual nuestros instructores . No hay que trabajar por apego al provecho temporal o espiritual, sino para cumplir la ley de la vida, que es la recta voluntad de Dios . IV No vivas en lo presente ni en lo futuro, sino en lo eterno. La gigantesca hierba (del mal) no puede florecer allí. Esta mancha de la existencia se limpia en la atmósfera del pensamiento en la eternidad . Para lograr el “Conocimiento del Espíritu” es requisito indispensable la pureza de corazón, que puede alcanzarse por dos medios principales: desechando persistentemente todo mal pensamiento, y manteniendo el ánimo sosegado en toda circunstancia, sin jamás agitarse ni airarse por nada. Estos dos medios de purificación reciben su mayor estímulo de la devoción y la caridad. No hemos de desmayar en nuestros esfuerzos. aunque nos sintamos todavía impuros.

Que cada cual aspire a la pureza y se esfuerce en alcanzarla por el recto camino cuya primera etapa es la pureza de corazón. La mente ha de purificarse también cuando uno siente cólera o dice falsedades o sin necesidad descubre las faltas ajenas o dice o hace algo con propósito de lisonja, o cuando alguien queda engañado por la insinceridad de palabra u obra . Quienes deseen salvarse han de evitar la lujuria, la cólera y la codicia; obedecer fielmente las Escrituras, estudiar la filosofía espiritual y perseverar en su realización práctica . Quien obra por motivos egoístas no puede entrar en un cielo donde no existe el egoísmo. Quien no ansía el cielo, sino que está contento donde se halla, está ya en el cielo, mientras que el descontento clamará en vano por él. Libre y feliz es quien carece de personales deseos, y el “cielo” no puede significar otra cosa que un estado de liberación y felicidad.


 Quien hace las buenas obras con esperanza de recompensa, no es feliz hasta recibirla, y en cuanto la recibe cesa su felicidad. No caben descanso y felicidad permanentes, mientras haya qué hacer y cumplir. El cumplimiento del deber lleva en sí su propia recompensa . Quien se cree más santo que otro y se jacta de no tener tal o cual vicio o flaqueza y presume de sabio y de superior en algo a sus prójimos es incapaz del discipulado. El hombre ha de volverse como niño para entrar en el reino de los cielos. Sublimes tesoros son la virtud y la sabiduría; pero si engendran orgullo y el sentimiento de separatividad respecto a los demás, serán las serpientes del egoísmo reaparecidas en distinta forma. La primera regla consiste en la entrega y sacrificio del corazón del hombre con todas sus emociones lo cual significa el logro de un equilibrio inalterable por las emociones personales.


 Pon sin demora en práctica tus buenas intenciones y no dejes ni una en sola intención. Nuestro único procedimiento verdadero consiste en que el motivo de la acción esté en la misma acción y nunca en su recompensa. No ha de incitarnos a la acción la esperanza del resultado ni tampoco hemos de mantenernos en la inacción. “Por medio de la fe se purifica el corazón de la insensatez y de las pasiones, con lo que se domina el cuerpo y por fin se subyugan los sentidos” . Las características del sabio iluminado son: 1º Carencia de todo deseo, y conocimiento de que sólo el verdadero Ego o supremo Espíritu es felicidad y que todo lo demás es dolor. 2º Carencia de apego o repulsión a cuanto pueda sucederle, pues obra sin cálculo egoísta. Finalmente llega la subyugación de los sentidos, que no aprovecha gran cosa sin la primera característica, y es inútil y con frecuencia nociva, por engendradora de hipocresía y orgullo espiritual, sin la segunda característica .

Quien no practica el altruismo y no es capaz de compartir su último bocado con el más pobre o desvalido que él; quien repugna socorrer a su prójimo de cualquiera raza, nación o creencia, siempre y doquiera lo vea sufriendo; quien cierra sus oídos al clamor de las miserias humanas; quien oye calumniar al inocente y no lo defiende como se defendería a sí mismo, no es teósofo. V Nadie obra bien si descuida los inconfundibles deberes de la vida resumidos en el divino mandamiento. Quien cumple con su deber pensando que de no cumplirlo le resultará perjuicio, o que su cumplimiento le allanará las dificultades que se le presentan en su camino, obra con la vista puesta en el resultado.

 Pero hemos de cumplir con nuestro deber tan sólo porque lo manda Dios, quien puede en cualquier instante dispensarnos de su cumplimiento. Mientras no apacigüemos la inquietud de nuestra naturaleza, debemos obrar consagrando a Dios los frutos de nuestra acción y atribuirle el mérito de nuestras obras. La verdadera vida del hombre consiste en identificarse con el supremo Espíritu.

 Pero esta vida verdadera es del todo independiente de nosotros, porque es en sí la real verdad y no la actualiza ninguna de nuestras acciones. El reconocimiento de que cuanto se opone a esta verdad es ilusorio, es una nueva conciencia, y no una acción. La liberación de un hombre no está en modo alguno relacionada con sus acciones; porque las acciones son útiles en cuanto nos dan a conocer nuestra completa incapacidad para emanciparnos por nosotros mismos de la existencia condicionada. Transpuesta esta etapa, las acciones son más bien impedimentos que auxilios. Quienes obran en obediencia a los divinos mandamientos y saben que la facultad de obrar así es un don de Dios y no peculiar atributo de la conciencia personal del hombre, se libran de la necesidad de la acción.


 Entonces la verdad llena el purificado corazón y se percibe la identidad con Dios. Lo primero que debe hacer el hombre es desechar la idea de que obra él de por sí, pues todas las acciones tienen por esfera las “tres cualidades naturales” y no en modo alguno el alma. Reconocido esto ha de ejecutar con devoción todas sus acciones, esto es, sacrificarlas en aras del Supremo y no de su persona. Ha de ofrecer el sacrificio a si mismo o sea a su Yo superior, que equivale a sacrificarlas a Ishvara. Todos sus actos y aspiraciones han de estar consagrados a si mismo o al Todo. Aquí interviene la importancia del motivo. Porque si ejecuta valerosas hazañas o benéficas acciones o adquiere conocimientos para auxiliar a la humanidad, y a ello le mueve el único deseo de lograr la salvación, obrará en tales casos por su propio beneficio, y en consecuencia se ofrecerá sacrificios a sí mismo.

 Así es que ha de consagrarse internamente al Todo, reconociendo que él no es el actor sino tan sólo el testigo de la acción. Como quiera que reside en cuerpo mortal, le conturba la duda; y esto denota su ignorancia de algo, por lo que ha de disipar la duda con “la espada del conocimiento” pues si sabe responder a una duda, de seguro la disipará. Toda duda proviene de la naturaleza inferior y nunca de la superior. Así es que, a medida que aumente su devoción, será mayor el conocimiento que adquiera de su naturaleza sâttvika. Porque se ha dicho: “El perfecto de la devoción (o que perseverare en su ejercicio) adquiere con el tiempo espontáneamente conocimiento espiritual”. Y también se ha dicho: “El hombre de mente dubitativa no goza de este mundo ni del otro y ni logra la bienaventuranza final”. Esta última frase rebate la idea de que si existe en nosotros el Yo superior, acabará por triunfar de la necesidad de conocimiento, aunque seamos indolentes y recelosos, y nos conducirá a la bienaventuranza final con la colectiva corriente de la humanidad.

 La verdadera oración consiste en contemplar todas las cosas sagradas o aplicadas a los actos de la vida diaria, acompañadas del vehemente y cordial deseo de que sea más intensa su influencia para enaltecer y mejorar nuestra conducta, y que se nos conceda algún conocimiento de ellas. Todos estos pensamientos deben entretejerse con el conocimiento de la suprema y divina Esencia de que dimanaron todas las cosas. La cultura espiritual se logra por medio de la concentración, que debe ejercitarse diariamente, utilizándola en todo momento. Se ha definido la meditación diciendo que es “el cese de todo activo pensamiento externo”. Concentración es el enfoque de todo nuestro ser en determinado objeto. Por ejemplo, madre abnegada es la que ante todo y sobre todo procura por los intereses de sus hijos en todos sus aspectos; no la que piensa durante un día entero en una sola modalidad de los intereses filiales. El pensamiento tiene potencia reproductiva, y cuando la mente se posa en una idea, queda coloreada por ésta, y todas las demás ideas, asociadas con la principal, brotan entonces de la mente. Por esta razón el m1stico acaba por conocer todo objeto en el que constantemente piensa con detenida contemplación; y así dijo Krishna con mucho acierto: “Piensa constantemente en mí. Confía sólo en mi y con seguridad llegarás a mi”. La vida es el gran maestro. Es la gran manifestación del Ego, quien a su vez manifiesta al Supremo. De aquí que todos los métodos sean buenos y todos formen parte del sublime anhelo de la devoción, la cual, según el Bhagavad–Gîtâ, es “el éxito en las acciones”.

 Las facultades psíquicas, a medida que se vayan recibiendo, deben emplearse también porque nos revelan el conocimiento de algunas leyes; pero no hay que exagerar su valía ni tampoco desconocer sus riesgos. El que confía en sus facultades psíquicas es como quien se enorgullece y canta victoria por haber llegado a la primera estación de la cuesta que conduce a los picachos que se ha propuesto escalar. VI Es una ley eterna que el hombre no puede ser redimido por una potestad exterior a sí mismo. De ser esto posible, bastara con que hace muchísimo tiempo hubiera visitado la tierra un ángel que declarando verdades celestes y manifestando las facultades de la naturaleza espiritual, descubriese a la conciencia humana los mil hechos que ignoraba . El crimen, lo mismo puede perpetrarse en pensamiento que en acción. Quien por cualquiera causa odia a otro, que gusta vengarse y no perdona las injurias, está poseído del espíritu del homicidio, aunque no se dé cuenta de ello.


 Quien se doblega a falsas creencias y somete su conciencia a una institución humana, blasfema de su divino ser, y por lo tanto “toma el nombre de Dios en vano” aunque no preste juramento alguno. Quien desea o simpatiza con los deleites sensuales, sea en el trato conyugal o fuera de él, es el verdadero adúltero. Quien no presta al prójimo los conocimientos, bondades y auxilios que prudentemente pudiera otorgarle, y vive para acumular riquezas materiales, es el verdadero ladrón. Quien difama, calumnia y rebaja el carácter de su prójimo con toda especie de falsedades, es también un ladrón y de la peor índole . Si los hombres fuesen buenos consigo mismos y benévolos con los demás, se operaría un formidable cambio en su estimación del valor de la vida y de las cosas de esta vida . Educación del pensamiento. –

 Concentrad todas las fuerzas de vuestra alma en el empeño de cerrar las puertas de vuestra mente a todo pensamiento, sin permitir la entrada más que a los que prometan revelaros la irrealidad de los sentidos y de la vida corporal y la paz del mundo interior. Reflexionad noche y día sobre la irrealidad de cuanto os rodea y de vuestra misma personalidad. Los malos pensamientos no son tan nocivos como los ociosos e indiferentes, porque de los malos pensamientos podemos guardarnos una vez nos determinemos a combatirlos y vencerlos. Esta determinación robustecerá vuestra voluntad. Los pensamientos ociosos e indiferentes distraen la atención y malgastan energía. La primera y mayor ilusión que se ha de vencer es la identificación con el cuerpo físico. Pensad que este cuerpo no es más que una casa donde habéis de vivir temporalmente, y así no volveréis a ceder a sus tentaciones. Procurad también dominar las prevalecientes flaquezas de vuestro carácter, dirigiendo el pensamiento por el camino más a propósito para extinguir las pasiones.

Después de los primeros esfuerzos, sentiréis un indescriptible vacío y desconsuelo en vuestro corazón; pero no os amedrentéis por ello, sino consideradlo como el suave crepúsculo precursor del naciente sol de la felicidad espiritual. La tristeza no es un mal. No os quejéis, porque lo que os parecen sufrimientos y obstáculos suelen ser en realidad los misteriosos esfuerzos de la naturaleza para ayudaros en vuestra obra si sabéis aprovecharlos. Considerad todas las circunstancias con la gratitud de un discípulo . Toda queja es una rebelión contra la ley del progreso. Lo que hay que evitar es el dolor que todavía no ha sobrevenido. El pasado no puede mudarse ni enmendarse. Lo perteneciente a las experiencias presentes no puede ni debe evitarse; pero sí han de evitarse las preocupaciones sobre imaginarias desgracias, o los temores acerca del porvenir, así como todo impulso o acción que puede causar presente o futuro dolor a nosotros o a los demás .

 VII

 Nada más valioso para quienquiera, que un excelso ideal hacia el que aspire de continuo y a él amolde sus pensamientos y emociones de suerte que regalen lo mejor posible en conducta. Si así se esfuerza para llegar a ser, más bien que a parecer como su ideal, no fracasará en el empeño de acercarse cada vez más a él. Sin embargo, habrá de luchar para este logro, y si su ideal es elevado y verdaderamente a alcanzarlo se encamina, no se envanecerá, sino que, por el contrario, se humillará de su rectitud, pues al descubrir ante si la posibilidad de mayor adelanto en planos todavía más elevados, no se engreirá de su progreso ni tampoco se entibiará su ardor. Precisamente el reconocimiento de las vastas posibilidades de la vida humana es necesario para disipar el tedio e invertir en celo la apatía. Así la vida no es odiosa, sino aceptable, cuando comprendemos claramente su finalidad y estimamos sus espléndidas oportunidades. El más recto y seguro camino para llegar a este elevado plano de conciencia es el ejercicio del altruismo, tanto en pensamiento como en acción. Estrecho es, en efecto, el campo visual limitado a la personalidad, que mide todas las cosas con la vara del interés egoísta, porque en semejante limitación no es posible que el ego conciba elevados ideales ni se acerque a los planos superiores de existencia.


 Las condiciones de adelanto están dentro y no fuera, y por fortuna son independientes de las circunstancias y condiciones de la vida terrena. Por lo tanto, a todos se les depara la ocasión de ir escalando cumbre tras cumbre, y cooperar así con la naturaleza en el cumplimiento de la evidente finalidad de la vida . Si creemos que el objeto de la vida es la satisfacción y bienestar de la personalidad, y que el bienestar material confiere la suprema dicha, confundiremos lo inferior con lo superior y la ilusión con la verdad. Nuestra modalidad material es consecuencia de la constitución material de nuestros cuerpos. Somos “gusanos de la tierra” porque nuestras aspiraciones se arrastran por la tierra; pero si entráramos en un sendero de evolución donde fuésemos menos materiales y más etéreos, tomaría muy distinto cariz la civilización. Muchas cosas que ahora nos parecen indispensables y necesarias dejarían de serlo; y si pudiéramos transferir nuestra conciencia de un extremo a otro del globo con la velocidad del pensamiento, serían inútiles los actuales medios de comunicación. Cuando más profundamente nos hundimos en la materia, más medios de comodidad material necesitamos; pero el esencial y potente dios interno del hombre no es material ni depende de las restricciones peculiares de la materia. ¿Cuáles son las verdaderas necesidades de la vida? La respuesta está en relación con lo que cada cual crea necesario.

Los ferrocarriles, los buques de vapor, la luz eléctrica, etc., nos son ahora necesarios; y sin embargo, millones de gentes han vivido largo tiempo felices sin conocerlos. Para uno serán necesarios una docena de palacios; para otro un carruaje; para otro una pipa o una botella de ron. Pero todas las necesidades de esta índole son ficticias, constituyen el estado en que el hombre se encuentra satisfecho y le incitan a permanecer en él, sin desear algo superior, por lo que pueden ser un estorbo más bien que impulso en su evolución. Si nos eleváramos a más alto estado que no exigiese nada artificioso, todas las cosas ficticias dejarían de ser necesarias y no las desearíamos; pero la apetencia de placeres groseros en que tiene fijo su pensamiento, le impide al hombre entrar en la vida superior .

miércoles, 26 de febrero de 2014

El Hombre segun los Egipcios- Isis sin Velo Tomo IV.



EL  HOMBRE  SEGÚN  LOS  EGIPCIOS


Sabido que Moisés era sacerdote egipcio, o por lo menos que estaba iniciado en la doctrina esotérica, no es maravilla que dijese:

Y el señor me dio dos tablas de piedra escritas con el dedo de Dios (63).
Y dio el Señor a Moisés las dos tablas del testimonio, que eran de piedra, escritas con el dedo de Dios (64).

La filosofía religiosa de los egipcios consideraba en el hombre tres principios fundamentales: cuerpo, alma y espíritu; pero además lo consideraban formado de seis elementos componentes, conviene a saber: kha, cuerpo físico; khaba, cuerpo astral; ka, principio de vida o alma animal; akh, mente concreta; ba, alma superior; sah, principio cuyas funciones no comenzaban hasta después de la muerte física.
 Durante el período de purificación, el alma visita con frecuencia el momificado cadáver de su cuerpo físico, hasta que, ya purificada del todo, se absorbe en el Alma del mundo, convirtiéndose en un dios menor subordinado al dios mayor Phtah (65), el Demiurgo egipcio o Creador del mundo material, equivalente al Elohim bíblico. Según el Ritual egipcio, el alma purificada y unida al superior e increado espíritu, queda más o menos expuesta a la tenebrosa influencia del dragón Apofis. Si alcanzó el conocimiento final de los misterios celestiales e infernales, es decir, la gnosis consiguiente a su perfecta identidad con el espíritu, triunfará de sus enemigos; de lo contrario, ha de quedar sujeta a la segunda muerte (66).
De conformidad con esta doctrina, dice alegóricamente el evangelista San Juan:

Y el diablo que los engañaba fue metido en el estanque de fuego y azufre... Y el infierno y la muerte fueron arrojados en el estanque del fuego. Ésta es la muerte segunda (67).

Esta segunda muerte es la desintegración paulatina del cuerpo astral, cuya materia se restituye a su originario elemento, según hemos expuesto ya repetidamente; pero puede eludirse tan terrible experiencia por el conocimiento del Nombre misterioso, llamado la Palabra por los cabalistas (68).
Pero ¿qué castigo llevaba aparejada la negligencia en el conocimiento de la Palabra? El hombre de pura y virtuosa vida no ha de temer castigo alguno, pues tan sólo queda sujeto a una detención en el mundo astral, hasta que esté bastante purificado para recibir la Palabra de su Señor espiritual, perteneciente a la poderosa Hueste; pero si durante la vida prevalece la naturaleza animal, queda el alma más o menos inconsciente del espíritu, según el grado de sensibilidad cerebral y nerviosa, hasta que más o menos tarde acaba por olvidarse de su divina misión en la tierra. Porque si a manera del vurdalak o vampiro de la leyenda servia, el cerebro se nutre y vigoriza a expensas del espíritu, la ya semi-inconsciente alma queda embriagada con los vapores de la vida terrena, pierde toda esperanza de redención y es incapaz de vislumbrar el brillo del espíritu y de oír las admoniciones de su “ángel custodio”, de su “dios”. Entonces convierte el alma sus anhelos a la mayor plenitud de la vida terrestre, con lo que únicamente puede descubrir los misterios de la naturaleza física. Todas sus penas y alegrías, esperanzas y temores se contraen a las vicisitudes de la vida mundana y rechaza cuanto no puede percibir por sus órganos de actuación sensoria. Poco a poco va muriendo el alma hasta su completa aniquilación, lo cual ocurre a veces muchos años antes de morir el cuerpo físico, en cuyo principio vital ha quedado ya absorbida el alma cuando llega la hora de la muerte. El único residuo de la entidad humana en semejantes circunstancias es un cadáver astral a manera de bruto o idiota, que impotente para elevarse a más altas regiones, se disuelve en los elementos de la atmósfera terrestre.

HOMBRES  DESALMADOS


Los videntes, los justos, cuantos lograron el supremo conocimiento del verdadero hombre, recibieron enseñanzas divinas en sueños (69) o por otros medios de comunicación. Auxiliados por los espíritus puros que moran en las regiones de eterna bienaventuranza, predijeron los videntes el porvenir y previnieron a la humanidad contra futuras contingencias. Aunque el escepticismo se burle de estas afirmaciones, están corroboradas por la fe basada en el conocimiento espiritual.
En el ciclo que atravesamos menudean los casos de muerte de almas y a cada punto tropezamos con gentes desalmadas. No es, por lo tanto, extraño que Hegel y Schelling hayan fracasado en su tentativa de planear un abstracto sistema metafísico, cuando hombres que de cultos se precian niegan de plano contra toda evidencia los palpables fenómenos espiritistas que ocurren todos los días y a toda hora. Si los materialistas niegan lo concreto, menos dispuestos todavía estarán para aceptar lo abstracto.
Al comentar el Ritual egipcio, dice Champollión (70) queen uno de los capítulos se leen misteriosos diálogos entre el alma y diversas Potestades. Uno de estos diálogos da valiosa prueba de la eficacia de la Palabra. La escena ocurre en la “Cámara de las Dos Verdades”, cuyos diversos elementos constitutivos, tales como el “Portal” y la “Cámara de la verdad”, se alegorizan prosopopéyicamente para hablar con el alma que solicita entrada y todos se la niegan si no pronuncia los nombres misteriosos. Ningún estudiante de esoterismo dejará de reconocer la identidad de estos nombres del Ritual egipcio con los de los Vedas, la Kábala y los últimos textos induístas.
Magos, cabalistas, místicos, neoplatónicos, teurgos (71), samanos, brahamanes, budistas y lamas conocieron y confesaron en toda época la potencia subyacente en estos varios nombres, cuya virtud dimana de la única e inefable Palabra (72).
Los cabalistas relacionan misteriosamente la virtud de la fe con esta Palabra, y lo mismo hicieron los apóstoles, apoyados en las siguientes de Jesús:
Porque en verdad os digo que si tuvierais fe, cuanto un grano de mostaza..., nada os será imposible (73).

A lo que añade San Pablo:

Cerca está la palabra en tu boca y en tu corazón. Ésta es la palabra de fe que predicamos (74).

Sin embargo, aparte de los iniciados, ¿quién puede envanecerse de conocer su verdadero significado?

Lo mismo que en la antigüedad, es necesaria la fe para creer en los milagros bíblicos; mas para operarlos es indispensable el conocimiento esotérico de la Palabra. El doctor Farrar y el canónigo Westcott dicen a una voz que si Cristo no hubiese obrado milagros no serían los evangelios dignos de fe; pero aun suponiendo que los obrase, ¿fuera prueba bastante para creer en relatos no escritos de su mano ni dictados por él? Por otra parte, semejante argumento podría aducirse con igual valía para demostrar que los milagros obrados por taumaturgos de religión distinta a la cristiana atestiguan la veracidad de sus respectivas Escrituras, con lo que se viene a reconocer la igualdad entre los libros canónicos del cristianismo y del budismo, pues también estos relatan estupendos prodigios. Además, la razón de que ya no haya taumaturgos cristianos es que han perdido la Palabra; pero si los viajeros no se han puesto de acuerdo para mentir en este punto, hay lamas tibetanos y talapines siameses muy capaces de obrar prodigios mucho mayores que los del Nuevo Testamento, sin atribuirlos a permisión divina ni a quebranto de las leyes naturales. El cristianismo contemporáneo da pruebas de estar tan mortecino en la fe como en las obras, mientras que el budismo rebosa de vida y la demuestra en obras.

Isis sin Velo - TOMO IV - Profecias de Hermes



PROFECÍA  DE  HERMES


Los jesuitas se salieron con la suya. Desde la definición de la infalibilidad, la Iglesia es un ciego instrumento y el Papa un agente servil de la Compañía de Jesús. ¿Hasta cuándo? Mientras les llega el fin, pueden los cristianos sinceros recordar las proféticas lamentaciones de Hermes Trismegisto sobre su propio país, en que decía:

¡Ay, hijo mío! Día llegará en que los sagrados jeroglíficos parezcan ídolos, porque el mundo tomará por dioses los emblemas de la ciencia y acusará al glorioso Egipto de haber adorado monstruos infernales. Pero quienes de este modo nos calumnian adorarán a la muerte en lugar de la vida, y a la locura en vez de la sabiduría. Abominarán del amor y de la fecundidad, llenarán sus templos de huesos de muerto que llamarán reliquias, y malograrán su juventud en soledad y llanto. Sus vírgenes preferirán ser monjas a ser esposas y se consumirán en el dolor, porque los hombres habrán profanado con menosprecio los sagrados misterios de Isis (33).

Del acierto de esta profecía nos da prueba el siguiente pasaje:

La opinión más razonable es que todas las cosas inanimadas e irracionales pueden ser objeto de adoración. Quien comprenda debidamente la doctrina expuesta, advertirá que no sólo las imágenes pintadas y toda representación de cosas santas expuesta por la autoridad eclesiástica al culto de Dios puede ser adorada como si fuese el mismo Dios, sino cualquier otra cosa de este mundo, sea de naturaleza inanimada, racional o irracional.
¿Por qué no adorar y venerar como a Dios sin peligro alguno cualquier cosa de este mundo, puesto que Dios está en ella en esencia (34) y la conserva continuamente con Su poder? Cuando nos inclinamos ante ella y la besamos, nos presentamos ante Dios su autor con toda nuestra alma, considerándole como el prototipo de la imagen (35). A esto podemos añadir, que puesto es obra de Dios todo lo de este mundo y Dios de continuo mora y labora en el mundo, más fácil nos será conocer a Dios por las cosas del mundo que a un santo por los vestidos que le pertenecieron. Por lo tanto, sin tener en cuenta la dignidad de la cosa creada, no es vano ni supersticioso sino puro acto de religión besar el objeto adorado o arrodillarnos sumisamente ante él, con tal que dirijamos a Dios nuestro pensamiento (36).

Aunque la doctrina expuesta en este pasaje no redunde en honor de la Iglesia cristiana, puede al menos aprovechar a los llamados “paganos” para redargüir con ella cuando se les eche en cara su idolatría.
La profecía de Hermes es mucho más diáfana que las de Isaías, que facilitaron pretexto para calificar de demonios a los dioses gentilicios. Pero los hechos suelen tener mayor consistencia que la más robusta fe. Todo cuanto los judíos sabían lo aprendieron de pueblos más antiguos. Los magos caldeos les enseñaron la doctrina secreta durante la cautividad de Babilonia.
Plinio menciona tres escuelas de magia: una de origen desconocido por lo antigua; la segunda fundada por Osthanes y Zoroastro; la tercera establecida por Moisés y Jambres. Sin embargo, estas mismas escuelas derivaron sus enseñanzas de la India, de las comarcas que se extienden a uno y otro lado de los Himalayas. lAs arenas del desierto de Gobi, en el Turquestán oriental, encubren más de un secreto y los sabios del Khotan han perpetuado curiosas tradiciones y raros conocimientos alquímicos.
Dice Bunsen que las oraciones e himnos del Libro de los Muertos datan de la dinastía premenista (37) de Abydos, por los años 4500 a 3100 antes de J. C. El sabio egiptólogo remonta al año 3059 el reinado de Menes o establecimiento del imperio nacional, antes de cuya época se conocía ya el culto de Osiris y demás divinidades de la mitología egipcia (38).
Por otra parte, Bunsen nos lleva mucho más atrás de los cuatro mil años computados por la Biblia a la actual edad del mundo, y en los himnos correspondientes a esta preadámica era encontramos preceptos morales idénticos en el fondo y muy parecidos en la forma a la doctrina expuesta por Jesús en el sermón de la montaña. Así se infiere de las investigaciones llevadas a efecto por los más eminentes egiptólogos y hierólogos. Dice Bunsen sobre el particular:

Las inscripciones de la duodécima dinastía abundan en fórmulas ritualísticas correspondientes a muy primitivos tiempos, así como se ven extractos de los libros herméticos en los monumentos de las primeras dinastías... De estas inscripciones se infiere que para los egipcios el primer fundamento de piedad consistía en dar de comer al hambriento, de beber al sediento, vestir al desnudo y enterrar a los muertos. En aquella época se conocía ya la doctrina de la inmortalidad del alma, según demuestra la tablilla n.º 562 del Museo británico (39).

LAS  ÁNIMAS  VIVIENTES


Y acaso sea mucho más antigua, porque se remonta, en efecto, a la edad en que el alma era un ser objetivo, y por lo tanto no podía negarse a sí misma, cuando la espiritualidad de la raza humana no conocía la muerte. Hacia la declinación del ciclo de vida, el etéreo hombre espiritual cayó en dulce sueño de transitoria inconsciencia para despertar en todavía más alta y luminosa esfera; pero así como el hombre espiritual se esfuerza continuamente en ascender a su fuente originaria, pasando por los ciclos y esferas de la vida individual, el hombre físico había de incorporarse al ciclo máximo de la creación universal hasta revestirse de carne. Entonces quedó el alma demasiado abrumada por el peso de las terrestres vestiduras para reconocerse a sí misma, excepto en aquellas naturalezas delicadas, que escasean más y más en cada ciclo.
Sin embargo, ningún pueblo prehistórico negó jamás la existencia del verdadero hombre, del Yo superior, pues la filosofía antigua enseñaba que sólo el espíritu es inmortal y que el alma no es por sí misma eterna ni divina, sino que, unida íntimamente a su envoltura terrestre, se convierte en la mente finita, en el principio de la vida animal o nephesh de las Escrituras hebreas, según se infiere de los siguientes pasajes:

Y crió Dios las grandes ballenas y toda ánima (nephesh) que vive y se mueve (40).

Con esto se da a entender la creación de los animales.

... Y fue hecho el hombre en ánima (nephesh) viviente (41).

Aquí vemos que la palabra nephesh se aplica indistintamente al hombre inmortal y al bruto mortal.

Porque la sangre de vuestras ánimas (nephesh) demandaré de mano de todas las bestias (42).
Salva tu ánima (nephesh) (43).
No le quites la vida (nephesh) (44).
El que hiriere animal restituirá otro en su lugar, esto es, alma por alma (nephesh por nephesh) (45).

En los libros de los Reyes también se toma la palabra nephesh por sinónima de vida y alma (46).
Verdaderamente, muy poco podemos aprender en el Antiguo Testamento respecto a la inmortalidad del alma, a menos de leerlo cabalísticamente para desentrañar su oculto significado. El vulgo de los hebreos no tuvo ni tiene la más ligera idea de la distinción entre alma y espíritu, pues confunde los conceptos de vida, sangre y alma, llamando a esta última soplo de vida. Los traductores de la Biblia han tergiversado de tal modo los conceptos, que únicamente los cabalistas pueden restablecer el significado original.
La doctrina de la naturaleza trina del hombre está explícitamente expuesta en los libros herméticos, en la filosofía de Platón y en las doctrinas induísta y budista. Sin embargo, es una de las enseñanzas más importantes y menos comprendidas de la ciencia hermética. Los Misterios egipcios, de los que sólo conoce el mundo lo poco que de ellos nos dicen las Metamorfosis de Apuleyo, ejercitaban a los iniciados en las más heroicas virtudes y le transmitían conocimientos que en vano buscan en los libros cabalísticos los modernos investigadores, y que las enigmáticas enseñanzas de la Iglesia romana, inspirada por los jesuitas, serán incapaces de descubrir. Resulta, por lo tanto, un agravio para las antiguas confraternidades secretas de iniciados comparar sus doctrinas con las alucinaciones de los discípulos de Loyola, por sinceros que fuesen en los primeros tiempos de la Orden.
Uno de los más poderosos obstáculos para la iniciación, así entre los egipcios como entre los griegos, era el haber derramado sangre humana en cualquiera de las modalidades del homicidio. En cambio, una de las mayores recomendaciones para el ingreso en la Compañía de Jesús es el haber cometido o estar dispuesto a perpetrar un asesinato en defensa del jesuitismo, según se colige del siguiente pasaje:

Los hijos que profesen la religión católica pueden acusar a sus padres del crimen de herejía si tratan de apartarlos de la fe; y esto aunque sepan de antemano que han de ser condenados a muerte en hoguera, como Tolet enseña... Y no sólo pueden negarles el alimento, sino también matarlos con justicia (47).

Sabido es que el emperador Nerón jamás se atrevió a solicitar la entrada en los Misterios a causa de haber dado muerte a su madre Agripina. En cambio, oigamos lo que dice un jesuita acerca del homicidio:

Si un adúltero, aunque sea eclesiástico, mata al marido al verse atacado por éste, no se le debe culpar (48).
Si un padre estuviese en el destierro por peligros  a la seguridad del Estado y al orden social, y no hubiese otro medio de librarse de él, aprobaría que su propio hijo le diese muerte (49).
Al clérigo secular o regular le es lícito matar al calumniador de su persona o de su orden (50).

Y así son los demás ejemplos que nos dan las autoridades de la Orden para establecer como regla que un católico puede quebrantar las leyes humanas hasta el crimen, sin menoscabo de su jesuítica santidad. Veamos ahora qué principios morales enseñaban los egipcios antes de que los jesuitas perfeccionasen la ética de tan curiosa manera.

MORAL  EGIPCIA

En las ciudades importantes de Egipto estaba el cementerio separado de la población por un lago sagrado, en cuya margen se reunían los cuarenta y dos jueces encargados de juzgar al alma del difunto, de la propia suerte que el Libro de los muertos nos representa el juicio del alma en el mundo espiritual. Si los jueces se pronunciaban unánimemente a favor del alma, el barquero conducía el cadáver a través del lago hasta el lugar del enterramiento, y terminada la fúnebre ceremonia regresaban los sacerdotes al sagrado recinto, donde el al-om-jah (51) instruía a los neófitos acerca del drama que en aquellos momentos se desenvolvía en el mundo invisible, y fortalecía su creencia en la inmortalidad del alma.
El Crata Nepoa (52) describe como sigue los siete grados de la iniciación:
El neófito pasaba en la escuela de Tebas por las doce pruebas preliminares, se le intimaba a dominar sus pasiones y no apartar ni un momento de Dios su pensamiento. Después había de subir varias escaleras y vagar a oscuras por una cripta de muchas puertas, pero todas ellas cerradas, para simbolizar en esta ceremonia la peregrinación del alma no purificada. Si triunfaba de las terribles pruebas preliminares recibía los tres primeros grados de iniciación, que se llamaban Pastophoris, Neocoris y Melanephoris. Después se le conducía a una vasta cripta llena de momias colocadas con mucho aparato, y se le dejaba frente a un ataúd con el mutilado cuerpo de Osiris. Esta cripta se llamaba “Puerta de la Muerte”, y seguramente aluden a ella el Libro de Job (53) y los Evangelios (54), aunque equiparándolas con las puertas del infierno.
Vencida esta prueba, se le llevaba a la “Cámara de los Espíritus” para que estos le juzgasen.
Entre las enseñanzas morales en que se instruía al neófito, figuraban la abstención de todo género de venganza, el auxilio del necesitado, aun con riesgo de la propia vida, honrar a los padres, enterrar a los muertos, respetar a los ancianos, proteger a los débiles y pensar de continuo en la muerte seguida de la resurrección en nuevo e imperecedero cuerpo (55). La castidad era virtud rigurosamente prescrita en las iniciaciones, y el adulterio estaba penado de muerte.
Al recibir el cuarto grado (Kristophores) se le comunicaba al candidato el misterioso nombre de IAO y en el quinto (Balahala) se le comunicarban los secretos de la alquimia (chemia) en nombre de Horus.
En el sexto grado se le enseñaba la danza cíclica sacerdotal que era un verdadero curso de astronomía, pues simbolizaba el movimiento de los planetas. En el séptimo grado se le iniciaba en el misterio final, después de pasar por la última prueba en el astronomus (56), y entonces recibía la cruz (tau) que al morir le colocaban sobre el pecho. Ya era hierofante.

FESTINES  OBSCENOS


Cabe comparar la moral de los jesuitas con la de los Misterios paganos, contra los que la Iglesia romana desencadena las iras de su vengativo Dios. Si la Iglesia tuvo también sus ritos misteriosos, ¿serían tan nobles, puros y morales ni más propicios a la ejemplaridad de una vida virtuosa? Oigamos lo que dice Niccolini respecto a los modernos misterios del claustro.

En la mayor parte de monasterios y más particularmente en los de capuchinos y reformados, comienza por Navidad una serie de fiestas que no terminan hasta Carnaval, y en ellas se entregan los monjes a toda clase de juegos y diversiones, celebran suntuosos banquetes y acuden al refectorio gran número de vecinos si está el convento enclavado en una población de segundo orden. Por Carnaval son todavía más espléndidos los festines, en cuyas mesas parece que la abundancia hubiese derramado cumplidamente su cuerno, a pesar de que ambas órdenes son mendicantes (57). Al sombrío silencio del claustro sucede entonces el bullicioso jolgorio del festín, y en las tétricas bóvedas resuenan cantos muy distintos de la salmodia. Termina la fiesta con un animado baile, en que para demostrar sin duda cómo el voto de castidad ha desarraigado en ellos todo apetito carnal, se presentan vestidos de mujer los monjes más jóvenes y los demás en traje de caballero seglar. No podría por menos de repugnar al lector la escandalosa escena que a todo esto se sigue. Baste decir que con frecuencia he sido espectador de semejantes saturnales (58).

El ciclo está en descenso, y a medida que desciende, la naturaleza física y pasional del hombre cobra mayores bríos a costa del Yo superior (59).
Seguramente que apartaremos disgustados la vista de esa farsa religiosa llamada cristianismo moderno, para convertirla a las nobles creencias de la antigüedad.
En el Libro de los Muertos, que Bunsen califica de “inestimable y misterioso libro”, leemos un discurso que se supone dirigido por el difunto en representación de Horus, enumerando todo cuanto ha hecho por su padre Osiris. Entre otras cosas, dice el dios:

30.   Yo te di el espíritu.
31.   Yo te di el alma.
32.   Yo te di el cuerpo (la fueza).

En otro pasaje, la entidad a que el difunto llama “Padre” representa el espíritu humano, pues el versículo dice:

Yo llevé a mi alma a que hablase con su Padre, con su Espíritu (60).

Los egipcios creían que su Ritual era de inspiración divina, lo mismo que para los induístas lo son los Vedas y la Biblia para los judíos. Según Bunsen y Lepsius, la palabra hermético equivale a inspirado, porque Thoth, la Divinidad en persona, revela a sus elegidos los arcanos de las cosas divinas, de modo que en los libros heméticos hay pasajes enteros que los egipcios suponían “escritos por el mismo dedo de Thoth” (61).
Por su parte dice Lepsius:

En un período posterior es todavía más distinguible el carácter hermético de estos libros, pues en la inscripción grabada sobre un ataúd correspondiente a la vigesimosexta dinastía, anuncia Horus al difunto que el mismo Thoth le ha traído los libros de su palabra divina o Escrituras herméticas (62).