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sábado, 1 de marzo de 2014

Los Sueños- Parte II





Esta impresión se registra en el cerebro, en su correspondiente célula o centro nervioso, pero, debido a alguna circunstancia accidental, le “falla el tiro” por así decir, hasta que algo le da el impulso necesario. Entonces, el cerebro la introduce inmediatamente dentro de la memoria consciente del hombre despierto; pues tan pronto como las condiciones requeridas le han sido proporcionadas, ese particular centro entra en actividad y realiza el trabajo que tenía que cumplir pero que, en aquel momento, estaba impedido de completar.

P: ¿Cómo se realiza este proceso?

R: Existe una especie de consciente comunicación “telegráfica” que actúa incesantemente, día y noche, entre el cerebro físico y el hombre interno. El cerebro es algo tan complejo, tanto física como metafísicamente, que puede compararse a un árbol cuya corteza podéis quitar, capa tras capa, siendo cada capa diferente de todas las demás, y teniendo cada una su propio y especial trabajo, su función, y sus propiedades.

P: ¿Qué es lo que distingue a los estados de la memoria e imaginación “que sueñan”, de
aquellos de la conciencia despierta?

R: Durante el sueño, la memoria física y la imaginación son, naturalmente pasivas, porque la persona que sueña está dormida: su cerebro está dormido, su memoria está dormida, todas sus funciones se encuentran durmiendo y en reposo. Solamente cuando se las estimula, como os he dicho, despiertan. De este modo, la conciencia de la persona que duerme no está activa, sino pasiva. El hombre interno, sin embargo, el verdadero Ego, actúa independientemente durante el sueño del cuerpo; pero es dudoso que cualquiera de nosotros –a menos que esté completamente familiarizado con la fisiología del ocultismo– pueda comprender la naturaleza de su acción.

P: ¿Qué relación tienen la Luz Astral , el Akâsa  con la memoria?

R: La primera es el “tabulario de la memoria” del hombre animal; la última, la del Ego espiritual. Los “sueños” del Ego, lo mismo que los actos del hombre físico, están todos registrados, desde que ambos son acciones basadas en causas que producen sus efectos. Nuestros “sueños”, siendo simplemente el estado de vigilia y las acciones del verdadero Yo, deben, naturalmente, estar registrados en alguna parte. Leed el artículo “Visiones Kármicas”, publicado en Lucifer, y reparad en la descripción del verdadero Ego, el cual permanece sentado como un espectador delante de la vida del héroe, y hallaréis quizá, algo que os llame la atención.

P: ¿Qué es, en realidad, la Luz Astral?

R: Como la Filosofía Esotérica nos lo enseña, la Luz Astral, es simplemente la escoria del Âkâsa o Ideación universal, en su sentido metafísico. Aunque invisible es, no obstante, y por así decir, la radiación fosforescente de la última, y el intermediario entre ella y las facultades pensantes del hombre. Son estas últimas las que mancillan la Luz Astral y la hacen lo que es: el almacenamiento de todas las iniquidades humanas, y de modo especial, de las psíquicas. En su formación primordial, la Luz Astral, como radiación, es completamente pura aunque, cuanto más hacia abajo desciende, y se aproxima a nuestra esfera terrestre, más se diferencia, convirtiéndose, como consecuencia de ello, en impura en su mismísima constitución. Pero el hombre contribuye de modo considerable a esta corrupción y restituye su esencia mucho peor de lo que la recibió.

P: ¿Podría explicarnos de qué modo se relaciona ella con el hombre, y cuál es su acción
en la vida de sueño?

R: La diferenciación en el mundo físico es infinita. La Ideación universal (o Mahat, si lo preferís), envía su radiación homogénea al mundo heterogéneo, y éste alcanza a las mentes humanas o personales por medio de la Luz Astral.

P: Pero, ¿no reciben nuestras mentes su iluminación directamente desde el Manas superior por medio del Manas inferior? Y, ¿no es el primero la pura emanación de la Ideación divina: los “Mânasa–Putras”, los cuales encarnaron en los hombres?

R: Lo son. Los Mânasa–Putras  individuales o Kumâras son las radiaciones directas de la Ideación divina; son “individuales” en el sentido de una posterior diferenciación, debido a innumerables encarnaciones. En suma, ellos son la totalidad colectiva de esa Ideación, que se convierte, en nuestro plano, o desde nuestro punto de vista, en Mahat, del mismo modo que los “Dhyân Chohans” son, en su conjunto o totalidad, la PALABRA o “Logos”, en la formación del mundo. Si las Personalidades (Manas inferiores o mentes físicas) estuvieran inspiradas e iluminadas únicamente por sus elevados alter Egos, pocos pecados existirían en este mundo. Pero no lo están; y, al hallarse apresadas en las redes de la Luz Astral, se separan cada vez más de sus padres, los Egos

Leed y estudiad lo que dice Eliphas Lévi acerca de la Luz Astral, a la que él denomina Satán y la Gran Serpiente. La Luz Astral ha sido tomada demasiado literalmente para que signifique alguna especie de segundo cielo azul. Este espacio imaginario, sin embargo, en el que están impresas las incontables imágenes de todo lo que siempre fue, es y será, no es más que una demasiado triste realidad. Se convierte en (y es para el hombre, si es algo psíquico, ¿quién no lo es?) un Demonio tentador, su “ángel malo”, y él inspirador de todas sus peores acciones. Actúa aún sobre la voluntad del hombre mientras duerme, mediante visiones impresas sobre su adormecido cerebro (visiones que no deben ser confundidas con los “sueños”), y estos gérmenes dan sus frutos cuando el hombre despierta.

P: ¿Cuál es el papel desempeñado por la voluntad en los sueños?

R: La voluntad del hombre externo, nuestra volición, está naturalmente dormida e inactiva durante el sueño; pero una cierta inclinación puede dársele a la adormecida voluntad mientras dura su inactividad, y ciertos resultados posteriores, desarrollados por la acción recíproca –producida casi mecánicamente– mediante la unión de dos o más “principios” en uno, de modo que actúen en perfecta armonía, sin ninguna fricción, sin ninguna nota falsa, cuando despierte. Pero, este es uno de los recursos de la “magia negra” que, cuando se usa con buenos propósitos, pertenece al adiestramiento del Ocultista. Debe estar uno muy adelantado en el “sendero” para tener una voluntad que pueda actuar conscientemente durante el sueño físico, o actuar sobre la voluntad de otra persona durante el sueño de esta última; por ejemplo: dominar sus sueños, y de este modo, dominar sus acciones cuando despierte.

P: Se nos ha enseñado que el hombre puede unir todos sus “principios” en uno solo: ¿qué significa esto?

R: Cuando un Adepto alcanza éxito en hacer tal cosa es un Jivanmukta  y, virtualmente, ya no es más de esta tierra; se convierte en un Nirvâni  pudiendo entrar en Samadhi  a voluntad. Generalmente se clasifica a los Adeptos según el número de “principios” que tienen bajo su perfecto dominio, porque aquello que denominamos voluntad, tiene su asiento en el Ego superior, y este último, cuando está libre de su personalidad cargada de pecados, es divino y puro.

P: ¿Qué papel desempeña el Karma  en los sueños? En la India dicen que todos los hombres reciben la recompensa o el castigo de todos sus actos, ya sea en el estado de vigilia, o durante el estado de sueño.

R: Si eso dicen, es porque han conservado en toda su pureza, y la recuerdan, la tradición de sus antepasados. Ellos saben que el Yo es el verdadero Ego, y que él vive y actúa, aunque en plano diferente. La vida externa es como un “sueño” para este Ego, mientras que la vida interna, o sea la vida en lo que denominamos “plano del sueño” es, para él, la vida verdadera. Por eso los hindúes (los profanos, naturalmente), dicen que Karma es generoso y recompensa al hombre verdadero durante el sueño, del mismo modo que lo hace la falsa personalidad en la vida física.

P: ¿Cuál es, “kármicamente” la diferencia entre los dos?

R: El hombre físico animal es tan poco responsable como un perro o un ratón. Para la forma corpórea, todo termina con la muerte del cuerpo. Pero el verdadero Yo, el que proyectó su propia sombra o inferior personalidad pensante, que desempeñó su papel y tiró de los hilos durante la vida del autómata físico, tendrá que sufrir, juntamente con su factotum y alter ego, en su encarnación próxima.

P: Pero ambos, el Manas superior y el inferior, son uno: ¿no es así?

R: Lo son, y sin embargo, no lo son; y ese es el gran misterio. El Manas superior o Ego es esencialmente divino, y, por consiguiente, puro; ningún desdoro le puede mancillar, ni tampoco ningún castigo puede alcanzarle, per se, puesto que es inocente y no interviene en las deliberadas transacciones de su Ego inferior. Empero, a pesar del hecho de que es dual, y que durante la vida, el Ego superior es distinto del inferior, “el Padre y el Hijo” son uno; por ello, al reunirse con su progenitor el Ego, el Alma inferior fija e imprime en él tanto sus malas como sus buenas acciones; ambos tienen que sufrir. El Ego superior, aunque inocente y sin tacha, tiene que padecer el castigo de las malas acciones cometidas por el Yo inferior, junto con él, en una futura encarnación. 

La doctrina de la expiación en su totalidad está fundada sobre este viejo principio esotérico; porque el Ego superior es el prototipo de aquello que, en la tierra, es el tipo, o sea la personalidad. Para los que la comprenden es, una vez más, la vieja historia védica de Visvakarman, demostrada en forma práctica. Visvakarman, el omnividente Dios–Padre, que está más allá de la comprensión de los mortales, termina, como hijo de Bhuvana, el Espíritu Santo, por sacrificarse él a sí mismo, para la salvación de los mundos. En la filosofía hindú, el místico nombre del Ego superior es Kshetrajna, o sea el “Espíritu encarnado”, aquello que conoce y da forma a kshetra, “el cuerpo”. Averiguad la etimología del nombre y hallaréis en él, el término aja, “primogénito”, y también el de “cordero”. 

Todo esto es muy sugestivo y podrían escribirse varios volúmenes sobre el desarrollo pregenético y postgenético del tipo y del prototipo: Cristo–Kshetrajna, el “Dios–Hombre”, el Primogénito, simbolizado en el “cordero”. 

La Doctrina Secreta muestra que los Mânasa–Putras o Egos encarnantes, han tomado sobre sí mismos, voluntariamente y a sabiendas, la carga todos los futuros pecados de sus futuras personalidades. Por eso, es fácil entender que no es el señor A, ni el señor B, ni ninguna de las personalidades que periódicamente viste el Auto–Sacrificado Ego, quienes son los verdaderos sufrientes, sino en realidad el inocente Christos, dentro de nosotros mismos. De aquí que los místicos hindúes digan que el Yo Eterno, o el Ego (el uno en los tres y los tres en el uno), es el “Auriga” o conductor; siendo las personalidades los temporarios pasajeros; mientras que los caballos son las pasiones animales del hombre. Por lo tanto, es exacto decir, cuando permanecemos sordos a la Voz de la Conciencia, que crucificamos al Christos dentro de nosotros. Pero, volvamos a los sueños.

P: Los llamados sueños proféticos, ¿son indicio de que la persona que sueña tiene señaladas facultades clarividentes?

R: Puede decirse, en el caso de las personas que verdaderamente tienen sueños proféticos, que ello se debe a que su cerebro y memoria físicos, están en más estrecha relación y simpatía con su Ego superior, que en la generalidad de los hombres. El Yo–Ego tiene mayores facilidades para impresionar a la cáscara física y memoria en aquello que es de importancia para tales personas, que en el caso de otras personas menos dotadas. Recuérdese que el único Dios con el que el hombre se pone en contacto, es su propio Dios, llamado Espíritu, Alma y Mente, o Conciencia, y que estos tres son uno.

Pero hay malezas que deben ser destruidas para que crezca una planta. Debemos morir, dijo San Pablo, para poder vivir de nuevo. Es mediante la destrucción que podemos adelantar, y las tres fuerzas: la conservadora, la creadora y la destructora, son otros tantos aspectos de la divina chispa que existe en el hombre.

P: Los Adeptos, ¿sueñan?

R: Ningún Adepto adelantado sueña. Adepto, es alguien que ha logrado el pleno dominio sobre sus cuatro principios inferiores, incluso el cuerpo, no permitiendo, por lo tanto, a la carne, que siga sus inclinaciones propias. El, simplemente, paraliza su Yo inferior durante el sueño, y se convierte en un ser completamente libre. El sueño, tal como nosotros lo entendemos, es una ilusión. ¿Cómo podrá soñar un Adepto, entonces, cuando se halla exento de toda otra ilusión? Durante el sueño, él vive simplemente en otro plano más real.

P: ¿Existen personas que nunca soñaron?


R: Según mi conocimiento, no existen en el mundo tales personas. Todas sueñan, quien más, quien menos; solo que, en la mayoría de las personas, los sueños se desvanecen súbitamente al despertar. Esto depende de la condición más o menos receptiva de los ganglios del cerebro. Los hombres poco espirituales y los que no ejercitan sus facultades imaginativas, o aquellos que están extenuados por las labores manuales, de suerte que sus ganglios no actúan, ni aún mecánicamente, mientras reposan rara vez sueñan, si acaso lo hacen, con alguna coherencia.

jueves, 27 de febrero de 2014

Ante el Velo- Isis sin Velo Tomo I (Parte 1) d


           



El Profesor Max-Müller ve en este mandala, “algo parecido a una teogonía, aunque llena de contradicciones (32). Los alquimistas, cabalistas y estudiantes de filosofía mística encontrarán una perfecta definición del sistema de Evolución en esta cosmogonía de un pueblo que existió millares de años antes de nuestra era. Advertirán, además, perfecta identidad de pensamiento entre la filosofía hermética y las doctrinas de Pitágoras y Platón.
           
La evolución, tal como ahora se entiende, supone en la materia un impulso para tomar forma más elevada, y así lo manifestaron claramente Manu y otros filósofos indos de la antigüedad. Ejemplo de ello nos da el árbol de los filósofos en el caso de la disolución del cinc. La controversia entre los partidarios de la evolución y los de la emanación, puede resumirse en que el evolucionista detiene toda investigación en las fronteras del Incognoscible, mientras que el emanacionista cree que nada puede evolucionar ni nacer, si antes no ha sido involucionado por la potencia espiritual de la vida que prevalece sobre todo.
           
FAKIRES. – Devotos religiosos de la India. Están generalmente adscritos a las pagodas brahmánicas y siguen las leyes de Manu. Van desnudos con sólo un faldellín de lino, llamado dhoti, en la cintura. Llevan el pelo muy largo, y en él guardan como si fuera bolsillo la pipa, la flauta llamada vagudah, cuyo sonido entorpece catalépticamente a las serpientes, y el bambú de siete nudos. Esta vara mágica la recibe el fakir de su gurú el día de la iniciación, con los tres mantras que le comunica al oído. Ningún fakir prescinde de esta poderosa insignia de su profesión, por cuya divina virtud obran prodigiosos fenómenos (33). El fakir brahmánico es completamente distinto de los mendigos musulmanes de la India, también llamados fakires en algunos puntos del territorio británico.
           
HERMÉTICO. – De Hermes, dios de la Sabiduría, adorado en Egipto, Siria y Fenicia con los nombres de Thoth, Tat, Adad, Seth y Satán (34), y en Grecia con el de Kadmos. Los kabalistas lo identifican con Adam Kadmon, primera manifestación del Poder Divino, y con Enoch. Hubo dos Hermes: el Trismegistus, y el amigo e instructor de Isis y Osiris, segunda emanación o “permutación” de sí mismo. Hermes y Mazeo son los dioses de la sabiduría sacerdotal.
           
HIEROFANTE. – Revelador de enseñanzas sagradas. Llevaba este título el jefe de los Adeptos, que en las iniciaciones explicaba los arcanos a los neófitos. En hebreo y caldeo se le llamaba Pedro, que significa el que abre o descubre. De aquí que el Papa, como sucesor del hierofante de los antiguos misterios, ocupe la pagana silla de “San Pedro”. El odio de la Iglesia católica a la alquimia y ciencias ocultas y astrológicas, se explica porque tales conocimientos eran antes prerrogativa del hierofante o representante de Pedro, quien guardaba los misterios de vida y muerte. Bruno, Galileo, Kepler y Cagliostro se opusieron a las pretensiones de la Iglesia y por ello perdieron la vida.
           
Toda nación tuvo misterios y hierofantes. Los judíos tenían su Pedro, Tanaim o Rabino, como Hillel, Akiba (35), y otros cabalistas famosos, únicos que podían comunicar los terribles secretos de la Merkaba. En India hubo y hay diseminados por las principales pagodas muchos hierofantes, conocidos con el nombre de brahmatmas. En el Tíbet el principal hierofante es el Dalai o Taley-Lama de Lha-ssa (36). Entre las naciones cristianas sólo los católicos han conservado esta pagana costumbre en la persona del Papa, aunque han desfigurado tristemente la majestuosa dignidad de tan sagrado cargo.
           
INICIADOS. – Los que en la antigüedad aprendían en los Misterios los secretos conocimientos de boca de los hierofantes. En nuestros días, los aleccionados por los adeptos a la mística doctrina de las ciencias del misterio, que a pesar de los siglos transcurridos, tienen pocos, pero verdaderos devotos.
           
KABALISTA. – De ... (kabala). Tradición oral. El cabalista es el estudiante de la “ciencia secreta”; el que interpreta el oculto y verdadero sentido de las Escrituras, por medio de la simbólica kabala. Los tanaimes fueron los primeros cabalistas judíos que florecieron en Jerusalén a principios del siglo III antes de J. C. los libros de Ezequiel, Daniel, Enoch y el Apocalipsis son genuinamente cabalísticos. La doctrina secreta de la Kabala es idéntica a la de los caldeos y tiene mucho de magia o sabiduría de los parsis.
           
LAMAS. – Monjes budistas que profesan la religión lamaica dominante en el Tíbet, análogos a los frailes del catolicismo. Están bajo la obediencia del Dalai-Lama o Sumo Pontífice budista tibetano, que reside en Lhassa y es para los lamas una reencarnación del Buda.
           
LUZ ASTRAL. – Es la luz sideral de Paracelso y de otros filósofos herméticos. Físicamente es el éter de la ciencia moderna; y metafísicamente, en su espiritual y oculto sentido, es algo más de lo que comúnmente se entiende por éter. La física y alquimia ocultas demuestran que sus ilimitadas ondulaciones abarcan, no sólo “la esperanza y potencia detoda cualidad de vida”, según afirma Tyndall, sino también la actualización de la potencia de cada una de las cualidades del espíritu. Los alquimistas y herméticos creen que el éter astral o sideral, con las propiedades del azufre y las magnesias blanca y roja o magnes, es, tanto espiritual como materialmente, el Anima mundi, el laboratorio de la Naturaleza y del Cosmos. El “Gran Magisterio” se manifiesta por sí mismo en los fenómenos del hipnotismo, en la levitación del hombre y de objetos inertes, y puede llamarse éter en el aspecto espiritual.
           
La denominación astral es antigua, y ya la usaban algunos neoplatónicos. Porfirio dice que el cuerpo celestial está siempre unido al alma y es “inmoral, luminoso y semejante a una estrella”. La raíz de la palabra astral es tal vez la voz escita aist-aer (estrella) o la asiria istar, que significa lo mismo. Como los rosacruces consideraban lo real directamente opuesto a lo aparente y enseñaban que la luz para la materia era obscuridad para el espíritu, decían que éste moraba en el océano astral de invisible fuego que rodea al mundo y pretendían haber descubierto el origen del también invisible espíritu divino, que desde el trono del invisible y desconocido Dios cobija a todo hombre y equivocadamente se le llama alma. Como la Causa primera es invisible e imponderable, únicamente podían los alquimistas probar sus afirmaciones por los efectos que, dimanantes del universo invisible, se manifiestan en el mundo físico. Demuestran los alquimistas que la luz astral penetra la totalidad del Cosmos y late hasta en la más ínfima partícula de roca, diciendo que la chispa del pedernal es el perturbado espíritu de esta piedra, que, al tiempo de brotar, desaparece inmediatamente en las regiones de lo desconocido.
           
Paracelso la llamaba luz sideral y consideraba los astros (incluso nuestra tierra) como porciones condensadas de luz astral, “caídas en la generación y en la materia”., pero cuyas emanaciones magnéticas o espirituales conservaban incesante comunicación con el origen patrio de la luz astral. A este propósito dice: “Los astros nos atraen hacia ellos; y nosotros los atraemos hacia nosotros. Madera es el cuerpo y fuego la vida que, como la luz, viene de las estrellas y los cielos. La magia es la filosofía de la alquimia” (37). Todo lo del mundo espiritual, ha de llegarnos a través de las estrellas, y si estamos en armonía con ellas, obtendremos inmensos efectos mágicos.
            “Así como el fuego pasa a través de una estufa de hierro, así también los astros pasan a través del hombre y le comunican sus propiedades, del mismo modo que la lluvia fertiliza la tierra en que penetra. Los astros rodean a la tierra, como el cascarón al huevo. A través del cascarón pasa el aire y penetra hasta el centro del mundo”. El cuerpo humano, lo mismo que la tierra, los planetas y las estrellas, está sujeto a la doble ley de atracción y repulsión y saturado del influjo doblemente magnético de la luz astral. Todo es doble en la naturaleza: el magnetismo es positivo y negativo, activo y pasivo, masculino y femenino. La noche descansa al hombre de la actividad del día y restablece el equilibrio, tanto de la naturaleza humana como de la cósmica. Cuando el hipnotizador aprenda el secreto de polarizar la acción y dar a su fluido fuerza bisexual, será el mayor de los magos vivientes. Así, pues, la luz astral es andrógina porque el equilibrio resulta de dos fuerzas que eternamente actúan una sobre otra. El resultado de esta acción es la VIDA. Cuando las dos fuerzas se gastan y permanecen largo tiempo inactivas, equilibrándose una con otra en reposo completo, sobreviene la condición de MUERTE. Un ser humano puede expirar aliento caliente o frío, e inspirar aire frío o caliente. Todo niño sabe cómo regular la temperatura de su aliento; pero ningún fisiólogo ha explicado satisfactoriamente la manera de protegerse uno mismo del aire frío o caliente. La luz astral, principal agente de magia, puede únicamente descubrirnos los secretos de la naturaleza. La luz astral es idéntica al akâsa indo.
           
MÁGICO. – Antiguamente era título de nombradía y distinción, pero hoy se corrompido su verdadero significado. En otro tiempo fue sinónimo de honroso, respetable, instruido y docto. El clero ha convertido este título en epíteto degradante que el vulgo supersticioso aplica a los brujos embusteros, impostores y charlatanes que “venden el alma al diablo” y abusan de sus facultades psíquicas, sin advertir que Moisés fue mágico y al profeta Daniel se le llamó “príncipe de los magos, de los encantadores y agoreros” (38).
            La palabra mágico se deriva etimológicamente de magh, mah o mahâ que significa grande y se aplicó a los sacerdotes versados en la ciencia esotérica.
           
MAGO. – Palabra derivada de Mag o Maha, que significa grande. El Mahatma (gran alma) tenía en la India sacerdotes en los tiempos prevédicos.
            Los magos eran sacerdotes del fuego, en Asiria, Babilonia y Persia. Los tres reyes magos que, según se dice, ofrecieron al niño Jesús oro, incienso y mirra, adoraban al fuego y eran también astrólogos, pues vieron la estrella de Belén. Al Sumo sacerdote parsi, residente en Surat, se le llama Mobed, palabra que algunos derivan de Megh o Meh-ab y significa grande y noble. Según Kleuker, a los discípulos de Zoroastro se les llamó meghestom.
             
MANTICISMO. – Frenesí mántico o estado en que se actualiza el don de profecía, sinónimo de manticismo, pues tan honroso es el título de mántico como el de profeta. Pitágoras y Platón lo tuvieron en mucha estima y Sócrates aconsejó a sus discípulos el estudio del manticismo. Los Padres de la Iglesia, que tan severamente condenaron el frenesí mántico de los sacerdotes paganos y de las pitonisas, no tuvieron reparo en aprovecharse de él para sus fines particulares. Los montanistas (39) emulaban a los manteis o profetas. El autor de la obra Profecías antiguas y modernas, dice que Tertuliano, San Agustín y los mártires de Cartago estuvieron dotados de frenesí mántico y que los montanistas se parecían a las bacantes en el salvaje entusiasmo que caracterizaba sus orgías.
           
Mucho discrepan las opiniones en lo concerniente al origen de la palabra manticismo. En tiempos de Melampo, rey de Argos, floreció el famoso vidente Mantis de cuyo nombre se derivaría la palabra, pero también pudo arrancar de la profetisa Manto, hija del profeta de Tebas.
           
Cicerón define el don de profecía o frenesí mántico, diciendo que en lo más recóndito de la mente está ocultamente recluida la profecía divina, el divino impulso cuya actuación parece furor, frenesí y locura.
            Sin embargo, es posible que la palabra mantis tenga mucho más antigua etimología, no advertida por los filólogos, pues las dos copas empleadas en los ritos del misterio Soma, denominadas conjuntamente grahâs, se llamaban cada una de por sí sukra y manti (40). En esta copa manti se dice que “despierta Brahmâ”. Al beber sobriamente un sorbo del sagrado zumo, el “espíritu” de Brahmâ, personificado en el dios Soma, se infunde en el cuerpo del iniciado y se posesiona de él. De aquí el éxtasis, la clarividencia y el don de profecía. El Soma estimula dos linajes de adivinación: la natural y la artificiosa. La copa sukra despierta las congénitas cualidades del hombre, e identifica el alma con el espíritu que, por ser de naturaleza divina, conoce lo futuro representado en sueños, visiones y presentimientos. El manti o zumo contenido en la copa mantis “despierta a Brahmâ”, es decir, comunica al alma no sólo con los dioses menores (41), sino también con la suprema esencia divina. El alma recibe iluminación directamente irradiada de la presencia de su “dios”; pero como queda ignorante de lo que únicamente saben los cielos, le acomete al iniciado una especie de frenesí, del que, al recobrarse, sólo recuerda cuanto se le permite recordar.
           
Respecto a los adivinos o profetas que abusan de sus facultades para hacer de ellas un modo de vivir, dícese que están poseídos de un gandharva, divinidad escasamente venerada en la India.
           
MANTRA. – Palabra sánscrita equivalente a “nombre inefable”. Cantados con la entonación prescrita en el Atarva-Veda producen algunos mantras instantáneo y maravilloso efecto. Generalmente, es el mantra una plegaria a los dioses y potestades celestiales, según enseñan los libros brahmánicos de acuerdo con Manú; pero también suele ser una fórmula mágica. En sentido esotérico, la frase mística o palabra del mantra es el vâch de los brahmanes. En sentido literal, significa el mantra la revelación directa y divina (sruti) de los libros sagrados.
           
MARABUTO. – Musulmán que ha cumplido la peregrinación a la Meca. Santo sepultado en un sarcófago abierto de propósito en las calles o plazas de las ciudades populosas de los países mahometanos. El cuerpo del marabuto se coloca en la única tumba o hueco del sarcófago, y la devoción de los transeúntes mantiene perpetuamente encendida una lámpara a la cabecera del enterramiento. En El Cairo se ven hoy día muchos de estos sarcófagos, construidos de albañilería. Algunos sepulcros de marabuto tienen entre los musulmanes muchísima fama por los milagros que se atribuyen al santo allí enterrado.
           
MATERIALIZACIÓN. – Palabra con que los espirtistas expresan el fenómeno por el cual “toma un espíritu forma material”. Moisés Stainton propuso que a estos fenómenos se les diese el nombre menos discutible de “manifestación formal”. Cuando se comprenda mejor la verdadera naturaleza de las materializaciones, se les dará seguramente un nombre más adecuado. No es propio llamarlas espíritus materializados, porque tan sólo son fotografías o esculturas animadas.
           
MAZDEÍSTAS. – De Ahura-Mazda (42). Nombre dado a los antiguos persas que adoraban a Ormazd y prohibían el culto de las imágenes. De los mazdeístas tomaron los judíos el horror que  tuvieron a toda representación plástica de la Divinidad.
            Según parece, en tiempo de Herodoto prevalecieron contra ellos los magos y sus prosélitos, entre quienes se cuentan con toda probabilidad los parsis y geberines a que alude el Génesis (43). Por una extraña confusión etimológica identifican algunos eruditos a Zoroastro con Zarathustra (44).
           
METEMPSÍCOSIS. – El progreso del alma en los sucesivos grados de existencia. Para el vulgo era el renacimiento en cuerpos de animales. Por regla general, aun muchos que se precian de eruditos adulteran el significado de esta palabra. El Manava-Dharma-Shastra y otros libros brahmánicos interpretan el axioma cabalístico que dice: “La piedra se convierte en planta, la planta en animal, el animal en hombre, el hombre en espíritu y el espíritu en dios”.
          
  MISTERIOS. – En griego teletai (perfección) y por analogía teleuteia (muerte). Eran reglas secretas que desconocían los profanos y los no iniciados. Por medio de representaciones dramáticas y otros procedimientos se enseñaba en los misterios el origen de las cosas, la naturaleza del espíritu humano, sus relaciones con el cuerpo y el modo de purificarse para alcanzar la vida superior. Por el mismo método se enseñaban las ciencias naturales, la medicina, la música y la adivinación. El juramento hipocrático no era más que una obligación mística. Hipócrates fue sacerdote de Asclepios y algunas de sus obras vieron fortuitamente la luz pública. Los asclepiadeos estaban iniciados en el culto de la serpiente de Esculapio, como las bacantes en el de Dionisio, y ambos ritos quedaron con el tiempo incorporados a los misterios de Eleusis. Más adelante hablaremos con mayor extensión de los Misterios.
           
MÍSTICOS. – Los iniciados. Sin embargo, desde la Edad Media se dio esta denominación a cuantos, como el teósofo Böehme, el quietista Molinos, Nicolás de Basilea y otros, creían en la directa comunicación del alma con Dios, análogamente a la inspiración profética.
          
  NABIA. – Lo mismo que videncia y vaticinio. El más antiguo y respetado fenómeno místico. La Biblia llama nabia a la profecía, y sin reparo se puede incluir esta facultad espiritual entre las de adivinación, visiones, éxtasis y oráculos. Pero así como los encantadores, adivinos y aun los astrólogos están explícitamente condenados en los libros de Moisés, la nabia o profecía y visión sobrenatural se consideran dones especiales del cielo. En un principio, todas estas facultades se comprendían colectivamente en el nombre de epoptai (profeta o vidente) y más tarde se les llamó nebim, plural de Nebo, dios babilonio de la sabiduría. Los cabalistas distinguen entre nebirah o vidente y nebipoel o mago. El primero es pasivo y tan sólo ve claramente el porvenir; el segundo es activo y posee facultades mágicas. Sabemos que Elijah y Apolonio se envolvían en un manto de lana para aislarse de las perturbadoras influencias del ambiente, y tal vez recurrían a este medio por ser la lana muy mala conductora de la electricidad.
         
   OCULTISTA. – El que estudia las diversas ramas de la ciencia oculta. Es término empleado por los cabalistas franceses, según se advierte en las obras de Eliphas Levi. El ocultismo abarca todos los fenómenos psíquicos, biológicos, físicos, cósmicos y espirituales. Es sinónimo de escondido o secreto y comprende también el estudio de la cábala, astrología y alquimia.
          
  PITRIS. – Es opinión general que esta palabra sánscrita significa colectivamente los espíritus de nuestros antepasados, y de aquí arguyen los espiritistas diciendo que los fakires y otros taumaturgos orientales son sencillamente mediums, pues ellos mismos confiesan que no podrían obrar tales prodigios sin el auxilio de los pitris, de quienes son obedientes instrumentos. Esto es erróneo en muchos aspectos. Los pitris no son los antepasados de la generación viviente, sino de toda la raza adámica, es decir, los espíritus de los hombres que constituyeron razas humanas muy superiores, tanto en lo físico como en lo espiritual, a nuestra raza de pigmeos. El Manava-Dharma-Shastra los llama pitris lunares.
          
  PITONISA. – Al definir Webster esta palabra, sale muy pronto del paso diciendo que era la mujer que daba los oráculos en el templo de Delfos y, por extensión, toda mujer que presuma de adivina, como por ejemplo las brujas y hechiceras. Esta definición es inexacta, apasionada e injusta.
           
Según Plutarco, Jámblico, Lamprías y otros filósofos, las pitonisas eran jóvenes delicadamente sensibles, de costumbres puras y familia humilde, que estaban adscritas a su respectivo templo, donde se les destinaba habitación rigurosamente aislada del mundo, en la que sólo podían entrar los sacerdotes y los videntes; de modo que la vida de las pitonisas superaba en ascetismo a la de las actuales monjas de clausura. Para ejercer su ministerio se sentaba la pitonisa en un trípode de bronce, colocado sobre una grieta del suelo que comunicaba con un subterráneo, en donde se quemaban ciertas drogas cuyos vapores subían por la grieta hasta envolver a la pitonisa en una atmósfera excitante que determinaba el frenesí mántico; y en tal estado daba el oráculo. También llamaban a la pitonisa ventrilocua vates o sea profetisa ventrilocua (45).
          
  Los brahmanes colocaban la conciencia astral (...) en el ombligo, y lo mismo creyeron Platón y otros filósofos. El versículo cuarto del segundo himno del Nâbhânedishtha dice así: “Oíd, ¡oh hijos de los dioses!, al que habla por su ombligo (nâbhâ) y os saluda en vuestras viviendas”. Muchos orientalists convienen en que ésta es una de las más antiguas creencias induístas. Los modernos fakires, lo mismo que los antiguos gimnósofos, concentran su pensamiento en el ombligo y permanecen inmóviles en la contemplación para identificarse con Atman y unirse a la Divinidad.
          
  El moderno sonambulismo también considera el ombligo como “el círculo del sol y asiento de la divina luz interna” (46). Muchos sonámbulos ven, oyen y huelen por el ombligo, y esto no es simple coincidencia con las primitivas prácticas, sino prueba evidente de que los sabios antiguos superaban a los modernos académicos en conocimientos de psicología y fisiología. Hoy día los hipnotizadores persas, a quienes el vulgo sigue llamando magos, manipulan sobre el ombligo para ponerse en estado de clarividencia y responder a las consultas que las gentes les hacen sobre robos, objetos perdidos y asuntos de intrincada resolución. Dice un traductor del Rig Veda que los modernos parsis creen que los adeptos de su religión tienen en el ombligo una llama, cuyo resplandor disipa toda obscuridad y les muestra las cosas lejanas del mundo físico y las invisibles del mundo espiritual. Llaman a esta llama la lámpara del deshtur (sumo sacerdote) y también la luz del dikshita (iniciado), con otras varias denominaciones.
           
SAMANOS. – Categoría sacerdotal de los budistas tártaros de Siberia, análogos, con toda probabilidad, a los filósofos llamados antiguamente brachmanes, que muchos han confundido con los brahmanes (47). Todos ellos era mágicos, o, mejor dicho, mediums que desarrollaban artificiosamente sus facultades. Hoy día los sacerdotes y sacerdotisas samanos de Siberia son muy ignorantes y ni en cultura ni en saber pueden compararse con los fakires.
           
SAMOTRACIOS. – Dioses adorados en los misterios de Samotracia. Eran idénticos a los kabeiris, dioskuris y koribantes, y se les daban los nombres míticos de Plutón, Ceres, Proserpina, Baco, Esculapio y Hermes.
           
SOMA. – Bebida sagrada de la India, análoga en virtud y significado al néctar o ambrosía de los griegos. En el acto de la iniciación de los misterios eleusinos, el mista apuraba una copa de kikeón con intento de alcanzar fácilmente el bradhna o región del esplendor (mundo celeste).
            El soma que han gustado los orientalistas europeos no es el auténtico, que sólo pueden beber los sacerdotes iniciados, sino un brebaje sucedáneo que consumen los no iniciados y los mismos rajás cuando sacrifican en aras de los dioses. Confiesa Hang, en su Aitareya Brahmana, que la bebida cuyo sabor le fue tan ingrato no era el Soma, sino el zumo de las raíces de un arbusto llamado nyagradha, que medra en las colinas de Poona. Sabemos con toda seguridad que la mayoría de los sacerdotes del Dekkan han olvidado la receta del verdadero soma, cuya confección no señalan los libros ritualísticos ni es posible adquirir por informe oral. Quedan ya muy pocos induístas ortodoxos de la primitiva religión védica que se consideren descendientes de los Rishis, legítimos agnihôtris o iniciados en los misterios mayores. En el Panteón indio se llama a esta bebida el Rey-Soma, porque quien la bebe se identifica con el Rey celestial, de la propia suerte que los apóstoles cristianos estaban llenos del Espíritu Santo por cuya virtud perdonaban los pecados. El Soma regenera al iniciado y le transforma en otro hombre, como si naciera de nuevo; sobrepone la naturaleza espiritual a la física; infunde el divino poder de la inspiración y actualiza en grado máximo la clarividencia.
           


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