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viernes, 7 de agosto de 2015

LA CRUZ Y EL CÍRCULO



           

            Los antiguos Filósofos han atribuido siempre algo de divino y misterioso a la forma del círculo. El mundo antiguo, consecuente con su simbolismo y sus intuiciones panteísticas, uniendo los dos infinitos, visible e invisible, en uno, representaba a la Deidad, así como a su Velo externo, por un círculo. Esta fusión de los dos en una unidad, y la aplicación del nombre Theos indistintamente a ambos, es explicada, con lo cual se hace más científica y filosófica. 

La definición etimológica de Platón de la palabra theos, se ha expuesto ya en otra parte. En su Cratylus la deriva del verbo the-ein, “mover”, como sugerida por el movimiento de los cuerpos celestes, a los cuales relaciona con la Deidad. Según la Filosofía Esotérica, esta Deidad, durante sus “Noches” y sus “Días”, o Ciclos de Reposo y Actividad, es el Movimiento Perpetuo, Eterno, el “ETERNO DEVENIR, así como lo siempre universalmente Presente y lo Siempre Existente”.

 Lo último es la raíz abstracta; lo primero es el único concepto posible para la mente humana, si no relaciona esta Deidad con alguna figura o forma. Es una evolución perpetua e incesante, que dando vuelta al círculo en su progreso constante, torna, después de evos de duración, a su estado original - la UNIDAD ABSOLUTA.
            
Sólo los Dioses menores llevaban los atributos simbólicos de los superiores. así, el Dios Shoo, la personificación de Ra, que aparece como el “Gran Gato de la Cuenca de Persea en An” , era muchas veces representado en los monumentos egipcios sentado y teniendo una cruz, símbolo de los cuatro Cuadrantes o Elementos, unida a un círculo.
            En la erudita obra de Gerald Massey, The Natural Genesis, bajo el título “Typology of the Cross”, hay más que aprender acerca de la cruz y del círculo, que en ninguna otra obra conocida. El que desee tener pruebas de la antigüedad de la cruz, puede dirigirse a dicho libro. El autor dice:

                                        El círculo y la cruz son inseparables... La Cruz Ansata
 une al círculo y la cruz de cuatro extremos. Partiendo de esto, el círculo y la cruz fueron a veces intercambiables. Por ejemplo, el Chakra, o Disco de Vishnu, es un círculo.

 El nombre denota el círculo, dar vueltas, periodicidad, la rueda del tiempo.




Ésta la usa el dios como un arma para lanzar al enemigo. De un modo semejante, Thor arroja su arma, el Fylfot, una forma de la cruz de cuatro pies (la Svastika) y tipo de los cuatro cuadrantes.



 Así la cruz es equivalente al círculo del año. El emblema de la rueda une la cruz y el círculo en uno, como sucede con el pan jeroglífico y el lazo-Ankh .

 No era el doble signo sagrado para el profano, sino sólo para los Iniciados. Raúl Rochette muestra que :

            El signo ...
se presenta como el reverso de una moneda fenicia, con un morueco como anverso... El mismo signo, llamado algunas veces Espejo de Venus, porque representa la reproducción, fue empleado para marcar las ancas de yeguas de valor de Corinto, y otras hermosas razas de caballos.

            Esto prueba que aun en tiempos tan remotos la cruz se había convertido ya en símbolo de la procreación humana, y que ya había empezado a olvidarse el origen divino de la cruz y el círculo.
           


  El Journal of the Royal Asiatic Society  da otra forma de la cruz:

            En cada uno de los cuatro extremos está colocado un arco de curva oviforme, y cuando se unen los cuatro forman un óvalo; así, la figura combina la cruz con el círculo a su alrededor en cuatro porciones, que corresponden a los cuatro extremos de la cruz. Los cuatro segmentos corresponden a los cuatro pies de la cruz Svástica y al Fylfot de Thor. La flor de loto de cuatro pétalos de Buddha está también figurada en el centro de esta cruz, pues el loto es una representación egipcia e inda de los cuatro cuadrantes. Si se unen los cuatro cuartos de arco, forman una elipse, y la elipse está igualmente figurada en cada brazo de la cruz. esta elipse, por tanto, denota la órbita de la tierra... Sir J. Y. Simpson copió el siguiente ejemplar ......... que se presenta aquí como la cruz de los dos equinoccios y de los dos solsticios colocada dentro de la figura de la órbita de la tierra. La misma figura ovoide, o en figura de bote, se ve algunas veces en los dibujos indos con siete escalones en cada extremo, como la  forma o modalidad de Meru.

            Éste es el aspecto astronómico del doble signo. Pero hay seis aspectos más, y podemos intentar la interpretación de algunos de estos. El asunto es tan vasto, que por sí solo requeriría muchos volúmenes.
            El más curioso de estos símbolos egipcios de la cruz y el círculo, que menciona la obra antes citada, es uno que obtiene toda su explicación y colorido final de los símbolos arios de la misma naturaleza. Dice el autor:

            La cruz de cuatro brazos es simplemente la cruz de los cuatro cuadrantes, pero el signo de la cruz no es siempre sencillo. Éste fue un tipo que se desarrolló de un principio identificable, y que fue después adaptado a la expresión de varias ideas. La cruz más sagrada de Egipto, que llevaban en las manos los Dioses, los  Faraones y los muertos momificados, es el Ankhel Ru del signo Ankh sea el tipo femenino del lugar del nacimiento, que representa el norte. En el cuadrante del norte fue donde la Diosa de las Siete Estrellas, llamada la “Madre de las Revoluciones”, dio a luz al tiempo, en el primer ciclo del año. El primer signo de este círculo y ciclo primordiales hechos en el cielo, es la forma más primitiva de la cruz-Ankh ........ un simple lazo que contiene a la vez en una imagen el círculo y la cruz. Este ojal o lazo está puesto enfrente del más antiguo generador, el Tifón de la Osa Mayor, como su Ark, ideografía de un período, de una terminación, de un tiempo, como mostrando el significado de una revolución. Esto, pues, representa el círculo descripto en el cielo del norte por la Osa Mayor, el cual constituía el año más primitivo del tiempo; de cuyo hecho inferimos que el ojal o Ru del norte representa ese cuadrante, el lugar del nacimiento del tiempo, cuando se figura como el Ru del símbolo Ankh. Ciertamente, esto puede probarse. El lazo es un tipo de Ark o Rek, para cálculo. El Ru de la cruz Ankh fue continuado en R cipriota, ............, y en el Ro, ...........(30) copto. El Ro se llevaba en la cruz griega ............. la cual está formada del Ro y Chi, o R-k... El Rek, o Ark, era el signo de todo principio (Arche) en este punto, y el lazo-Ark es la cruz del norte, la parte de atrás del cielo .
.......,
el signo de la vida, lo vivo, un roble, la alianza... El extremo superior es el jeroglífico Ru ........ puesto sobre la cruz Tau. El Ru es la puerta, la entrada, la boca, el sitio de salida. Esto denota el lugar de nacimiento en el cuadrante norte de los cielos, de donde renace el Sol. De aquí que

            Ahora bien; esto es, igualmente, astronómico y fálico por completo. La versión Puránica en la India da a todo el asunto otro colorido. Sin destruir la anterior interpretaciòn, revela una parte de sus misterios con ayuda de la clave astronómica, ofreciendo así una interpretación más metafísica. El lazo Ankh ........... no pertenece solamente a Egipto. Existe con el nombre de pâsha, una cuerda que el Shiva de cuatro brazos tiene en la mano del




 ...........brazo derecho posterior  Mahâdeva es representado en la postura de un asceta, como Mahâyogi, con su tercer ojo ............, que es en otra forma “el Ru ............, puesto sobre la cruz Tau”. El pâsha está cogido de tal modo, que el primer dedo y la mano cerca del pulgar hacen la cruz, u ojal y cruzamiento. 


¡Nuestros orientalistas quieren que represente una cuerda para atar a criminales refractarios, en vista de que Kâlî, consorte de Shiva, la tiene como atributo!


            

El pâsha tiene aquí un doble significado, como lo tiene el trishûla de Shiva y todos los demás atributos divinos. Este doble significado radica en Shiva, pues Rudra tiene seguramente la misma significación que la Cruz Ansata egipcia, en su sentido cósmico y místico. En manos de Shiva, el pâsha se convierte en lingyónico. Shiva, como ya se dicho, es un nombre desconocido en los Vedas. En el Yajur Veda Blanco es donde Rudra aparece por primera vez como el gran Dios, Mahâdeva, cuyo símbolo es el Lingam. En el Rig Veda se le llama Rudra, el “aullador”, la Deidad benéfica y maléfica a la vez, el Sanador y el Destructor. En el Vishnu Purâna, él es el Dios que surge de la frente de Brahmâ, que se separa en macho y hembra, y es el padre de los Rudras o Maruts, la mitad de los cuales son brillantes y bondadosos, y la otra mitad negros y feroces. En los Vedas, él es el Ego Divino aspirando a volver a su puro estado deífico; y, al mismo tiempo, es ese Ego Divino aprisionado en una forma terrestre, cuyas fieras pasiones hacen de él el “rugiente”, el “terrible”. Esto se ve bien en el Brihadâranyaka Upanishad, en donde los Rudras, la progenie de Rudra, 



Dios del Fuego, es llamada “los diez alientos vitales (prâna, la vida), con el corazón (manas) como onceno”  mientas que como Shiva, es el destructor de esa vida. Brahmâ le llama Rudra, y le da, además, otros siete nombres, que significan siete formas de manifestación y también los siete poderes de la naturaleza, que destruye, sólo para volver a crear o regenerar.


          
             De aquí que el lazo cruciforme, o pâsha, en mano de Shiva, cuando se le representa como un asceta, Mahâyogin, no tenga significación fálica; y verdaderamente, se necesita una imaginación muy inclinada en este sentido para ver tal significado hasta en un símbolo astronómico. Como emblema de “puerta, entrada, boca, lugar de salida”, significa la “puerta estrecha” que conduce al Reino de los Cielos, mucho más que el “sitio de nacimiento” en sentido fisiológico.
            

Es una Cruz en un Círculo y Cruz Ansata, verdaderamente; pero es una cruz sobre la cual tienen que ser sacrificadas todas las pasiones humanas, antes de que el Yogi pase por la “puerta estrecha”, el círculo estrecho que se convierte en uno infinito, tan pronto como el Hombre Interno ha pasado el umbral.
            Respecto de los siete Rishis misteriosos de la constelación de la Osa Mayor, si Egipto los consagró a “Tifón, el generador más antiguo”, la India ha relacionado estos símbolos, edades hace, con el Tiempo o revoluciones del Yuga; y los Saptarishis están íntimamente relacionados con nuestra edad presente: el tenebroso Kali Yuga . El gran Círculo del Tiempo, sobre cuya faz la imaginación india ha representado el Puerco Marino, o Shishumâra, tiene la cruz implantada en él por la naturaleza, en sus divisiones y localización de estrellas, planetas y constelaciones. En el Bhâgavata Purâna ,se dice:

            A la extremidad de la cola de aquel animal cuya cabeza se dirige hacia el Sur, y cuyo cuerpo tiene forma de anillo (círculo), se encuentra a Dhruva (la ex estrella polar); a lo largo de su cola están Prajâpati, Agni, Indra, Dharma, etc., y a través de sus lomos los siete Rishis.



            Ésta es, pues, la primera y más primitiva cruz y círculo formada por la Deidad, simbolizada por Vishnu, el Círculo Eterno del Tiempo Ilimitado, Kâla, en cuyo plano se hallan atravesados todos los Dioses, criaturas y creaciones nacidas en el Espacio y el Tiempo; todos los cuales, según expresa la Filosofía mueren en el Mahâpralaya.


           

  Mientras tanto, los siete Rishis son los que marcan el tiempo y la duración de los sucesos en nuestro Ciclo de Vida septenario. Son ellos tan misteriosos como sus supuestas esposas, las Pléyades, de las cuales sólo una (la que se oculta) ha resultado virtuosa. Las Pléyades, o Krittikâs, son las nodrizas de Kârtikeya, el Dios de la Guerra (el Marte de los paganos occidentales), llamado el Jefe de los Ejércitos Celestes, o más bien de los Siddhas -Siddha-sena (traducido Yogis en el Cielo, y santos Sabios en la Tierra)-, lo cual haría a Kârtikeya idéntico a Miguel, el “Jefe de las Huestes Celestiales”; y como él un Kumâra virgen. 

En verdad, él es el Gua, el Misterioso, tanto como lo son los Saptarishis  las Krittikâs, los siete Rishis y las Pléyades, pues la interpretación de todos estos combinados revela al Adepto los misterios más grandes de la Naturaleza Oculta. 


Un punto es digno de mencionarse en esta cuestión de la cruz y el círculo, por hallarse muy relacionado con los elementos del Fuego y del Agua, que representan un papel tan importante en el simbolismo de la cruz y del círculo

Lo mismo que Marte, el cual supone Ovidio que nació solamente de su madre Juno, sin participación de padre alguno, o como los Avatâras (Krishna, por ejemplo) -tanto en Occidente como en Oriente-, Kârtikeya nació, aunque de un modo más milagroso, sin ser engendrado por padre ni madre, sino de una semilla de Rudra-Shiva, que fue arrojada al Fuego (Agni) y recibida después por el agua (el Ganges). Así, pues, nació del Fuego y del Agua: un “niño resplandeciente como el Sol y hermoso como la Luna”. 



De aquí que sea llamado Agnibhû (hijo de Agni) y Gangâputra (hijo del Ganges). Añádase a esto el hecho de que el Krittikâ y sus nodrizas, como muestra el Matsya Purâna, son presididos por Agni, o usando las palabras auténticas, “los siete Rishis están en la misma línea que el brillante Agni”; y de aquí que “Krittikâ tenga por sinónimo Âgneya” , siendo la consecuencia fácil de deducir.
            Los Rishis son, pues, los que marcan el tiempo y los períodos del Kali Yuga, la edad del pecado y de la aflicción. Según nos dice el Bhâgavata Purâna:

            Cuando el esplendor de Vishnu, llamado Krishna, se fue al cielo, entonces la edad Kali, durante la cual los hombres gozan en el pecado, invadió el mundo...
            Cuando los siete Rishis estaban en Maghâ, principió la edad Kali, que  comprende 1.200 años (divinos, o 432.000 años comunes); y cuando desde Maghâ llegan a Pûrvâsh^dhâ, entonces alcanzará su desarrollo esta edad Kali, bajo Nanda y sus sucesores.

            Ésta es la revolución de los Rishis -

            Cuando las dos primeras estrellas de los siete Rishis (la Osa Mayor) se levantan en el cielo, y se ve por la noche algún asterismo lunar, a igual distancia entre ellas, entonces los siete Rishis continúan estacionados en esa conjunción durante cien años,


           
- como hace decir a Parâshara, uno que odiaba a Nanda. Según Bentley, esta noción se originó entre los astrónomos, a fin de mostrar el valor de la precisión de los equinoccios.

            Esto se hizo ideando una línea imaginaria o gran círculo, que pasaba por los polos de la eclíptica y por el principio del Maghâ fijo, cuyo círculo se suponía que cortaba algunas de las estrellas de la Osa Mayor... Las siete estrellas de la Osa Mayor se llamaban los Rishis, y el círculo así ideado se llamó la línea de los Rishis; y estando invariablemente fijo al principio del asterismo lunar Maghâ, la precisión se anotaría estableciendo el grado, etc. de cualquier mansión lunar movible cortada por aquella línea o círculo, como un índice.

            Ha habido y hay todavía una controversia al parecer interminable acerca de la cronología de los indos. Aquí hay, sin embargo, un punto que podía ayudar a determinar, aproximadamente por lo menos, la época en que principió el simbolismo de los Rishis, y su relación con las Pléyades. Cuando Kârtikeya fue entregado por los Dioses a las Kreittikâs para que éstas lo criasen, ellas sólo eran seis, por lo cual Kârtikeya es representado con seis cabezas; pero cuando la fantasía poética de los simbologistas arios primitivos hizo de ellas las consortes de los siete Rishis, fueron siete. Sus nombres se dan, y son Ambâ, Dulâ, Nitatui, Abrayanti, Mighâyanti, Varshayanti y Chupunikâ. 

Hay otras series de nombres, pero difieren. Sea como quiera, a los Rishis se les supuso casados con las siete Krittikâs, antes de la desaparición de la séptima Pléyade. De otro modo, ¿cómo podían los astrónomos indos hablar de una estrella que nadie puede ver sin la ayuda de telescopios de la mayor potencia?  Ésta es quizás la razón, por la que se ha resuelto que en todos estos casos, la mayor parte de los sucesos descritos en las alegorías indas son “una invención muy reciente, ciertamente dentro de la Era cristiana”.
            

Los manuscritos sánscritos más antiguos sobre Astronomía principian sus series de Nakshatras, los veintisiete asterismos lunares, con el signo de Krittikâ, y esto puede apenas remontar su antigüedad más allá de 2.780 años antes de Cristo. 

Esto es con arreglo al “Calendario Védico”, aceptado hasta por los orientalistas, aun cuando resuelven la dificultad diciendo que el referido Calendario no prueba que los indos supieran nada de Astronomía en aquella fecha; y aseguran a sus lectores que, a pesar de los Calendarios, los Pandits indos han podido adquirir sus conocimientos de las casas lunares encabezadas por Krittikâ, de los fenicios, etc. 

Como quiera que esto sea, las Pléyades constituyen el grupo central del sistema de la simbología sideral. Están situadas en el cuello de la constelación de Tauro, considerada por Mädler y otros, en Astronomía, como el grupo central del sistema de la Vía Láctea; y en la Kabalah y en el Esoterismo Oriental, como el septenario sideral nacido del primer lado manifestado del triángulo superior, el ....... oculto. Este lado manifestado es Tauro, el símbolo del UNO (el número 1), o de la primera letra del alfabeto hebreo, Aleph, “toro” o “buey” cuya síntesis es Diez (10) o Yod, la letra y número perfectos. 

Las Pléyades (especialmente Alcione) son, pues, consideradas, hasta en Astronomía, como el punto central a cuyo alrededor da vueltas nuestro universo de estrellas fijas, el foco desde el cual y en el cual trabaja incesantemente el Aliento divino,  el Movimiento, durante el Manvántara. De aquí que, en los símbolos siderales de la  Filosofía Oculta, este círculo, con la cruz de estrellas sobre su faz, sea el que represente el papel principal.
            

La Doctrina Secreta nos enseña que todo en el Universo, así como el Universo mismo, se forma (se “crea”), durante sus manifestaciones periódicas, por el MOVIMIENTO acelerado puesto en actividad por el ALIENTO del Poder por Siempre desconocido  -desconocido para la humanidad presente, en todo caso- dentro del mundo fenomenal. 

El Espíritu de la Vida y de la Inmortalidad era simbolizado en todas partes por un círculo; de aquí que la serpiente mordiéndose la cola represente el Círculo de la Sabiduría en el Infinito; 


como sucede con la cruz astronómica, la cruz dentro del círculo, y el globo con el aditamento de dos alas, el cual se convertía entonces en el Escarabajo sagrado


de los egipcios, siendo su mismo nombre una indicación de la idea secreta que representaba. Pues el Escarabajo es llamado en los papiros egipcios, Khopirron y Khorpi; del verbo khopron, “devenir”; y por esto se ha hecho de él un símbolo y un emblema de la vida humana y de los sucesivos “devenires” del hombre a través de las diversas peregrinaciones y metempsícosis, o reencarnaciones, del alma libertada. Este símbolo místico muestra claramente que los egipcios creían en la reencarnación, y en las vidas y existencias sucesivas de la Entidad Inmortal. 

Como ésta, sin embargo, era una Doctrina Esotérica, revelada solamente en los Misterios por los Sacerdotes-hierofantes y los Reyes-iniciados a los Candidatos, era conservada secreta. Las inteligencias Incorpóreas (los Espíritus Planetarios, o Poderes Creadores) eran siempre representados bajo la forma de círculos. En la primitiva Filosofía de los Hierofantes, estos círculos invisibles eran las causas prototípicas y constructores de todos los orbes celestes, que eran sus cuerpos visibles o cubiertas, cuyas almas eran ellos. Ésta era, ciertamente, una enseñanza universal en la antigüedad. Según dice Proclo:             

            Antes de los números matemáticos, hay números animados; antes que las cifras aparentes, las cifras vitales, y antes de producir los mundos materiales que se mueven en un círculo, el Poder Creador produjo los círculos invisibles.

            Deus enim et circulus est, dice Ferecides en su Himno a Júpiter.

 Éste era un axioma hermético, y Pitágoras prescribía esta postración y colocación circular, durante las horas de contemplación. “El devoto debe imitar tan bien como le sea posible la forma de un círculo perfecto”, prescribe el Libro Secreto. Numa intentó vulgarizar la misma costumbre entre la gente, dice Pierius a sus lectores; y Plinio dice:

            Durante nuestro culto, arrollamos nuestros cuerpos, por decirlo así, formando un anillo - totum corpus circumaginur .    

            La Visión del profeta Ezequiel hace recordar forzosamente este misticismo del círculo, cuando contempló un “torbellino” del que salióuna rueda sobre la tierra”, cuyo trabajo “ era, como si dijéramos, una rueda en medio de una rueda”; “pues el espíritu de la criatura viviente estaba en las ruedas” .
             



(El Espíritu) da vueltas continuamente, y... retorna otra vez con arreglo a su circuito”, dice Salomón , a quien se hace en la traducción inglesa hablar del “viento”, y en el texto original se refiere tanto al espíritu como al sol. Pero el Zohar, la única glosa verdadera del predicador kabalista -explicando este versículo, que es quizás algún tanto oscuro y difícil de comprender- dice:

            Parece decir que el sol se mueve en circuitos, mientras que se refiere al Espíritu bajo el sol, llamado el Espíritu Santo, que se mueve en sentido circular, hacia ambos lados, a fin de unirse (Él y el sol) en la misma Esencia.

            El “Huevo de Oro” brahmínico,



 del cual surge, Brahmâ, la Deidad creadora, es el “Círculo y el Punto Central” de Pitágoras, 




y su símbolo apropiado. en la Doctrina Secreta, la Unidad oculta (ya la represente Parabrahman, o el “Gran Extremo” de Confucio, o la Deidad oculta por Phtah, la Luz Eterna, o hasta el Ain Soph judío), se ve siempre simbolizada por un círculo o el “cero”, (la No-Cosa y Nada absolutos, porque es lo Infinito y el TODO), mientras que el Dios-manifestado (por sus obras) se menciona como el Diámetro de ese Círculo

Esto hace evidente el simbolismo de la idea subyacente: la línea recta que pasa por el centro de un círculo tiene longitud en el sentido geométrico, pero no tiene ancho ni espesor; es un símbolo imaginario y femenino, que cruza la eternidad, y hecho para descansar sobre el plano de existencia del mundo fenomenal. Tiene dimensiones, mientras que su círculo no tiene ninguna; o, usando un término algebraico, él es la dimensión de una ecuación. Otro modo de simbolizar la idea se ve en la Década sagrada Pitagórica, que sintetiza en el número dual Diez (el uno y un círculo o cero), el TODO Absoluto, manifestándose en el verbo o Poder Generador de la Creación.

H.P Blavatsky  D.S T IV

B

miércoles, 9 de abril de 2014

LA EVOLUCIÓN DEL SIMBOLISMO- D.S- T2



SECCIÓN  I

SIMBOLISMO E IDEOGRAFÍA



         ¿No es siempre un símbolo para quien sabe
         distinguir, una revelación más o menos clara, o
        confusa, de lo semejante a Dios?... Al través de
          todas las cosas... brilla débilmente algo de la
         Idea Divina. Más aún: la enseña más elevada que
          han encontrado jamás los hombres y que han
         abrazado, la cruz misma, no posee significación
          alguna, salvo una accidental y extrínseca.

                 CARLYLE, Sartor Resarius

            El estudio del significado oculto en cada una de las leyendas religiosas y profanas de cualquiera nación, ya sea grande o pequeña, y especialmente en las tradiciones del Oriente, ha ocupado la mayor parte de la vida de la que estas líneas escribe. Ella es de los que poseen la convicción de que ninguna fábula mitológica, ningún suceso tradicional de las leyendas de un pueblo, ha sido en tiempo alguno pura ficción, sino que cada una de semejantes narraciones encierra algo de verdaderamente histórico. En esto difiere la autora de aquellos mitólogos, por grande que sea su reputación, que no ven en cada mito más que la confirmación de la tendencia supersticiosa de los antiguos, y que creen que todas las mitologías han tenido su origen en los mitos solares y se basan en los mismos. A semejantes pensadores superficiales les ha puesto admirablemente en el lugar que les corresponde el poeta y egiptólogo Mr. Gerald Massey, en una conferencia sobre “Luniolatría, Antigua y Moderna”. Su crítica acerada es digna de reproducirse en esta parte de nuestra obra, por ser eco fiel de nuestros propios sentimientos, tan abiertamente expresados desde 1875, cuando escribimos “Isis sin Velo”.

            Durante los últimos treinta años, el profesor Max Müller ha estado enseñando en sus libros y discursos, en el Times, Saturday Review y en varias revistas, desde la tribuna de la Royal Institution, en el púlpito de la Abadía de Westminster, y en su cátedra de Oxford, que la mitología es una enfermedad del lenguaje, y que el antiguo simbolismo era resultado de algo parecido a una aberración mental primitiva.
          
  “Sabemos -dice Renouf, repitiendo a Max Müller, en sus conferencias de Hibbert- que la mitología es la enfermedad que brota durante un estado peculiar de la cultura humana”. Tal es la trivial explicación de los no evolucionistas, y semejantes explicaciones son todavía aceptadas por el público inglés, que piensa por cerebros de otros. El profesor Max Müller, Cox, Gubernatis y otros tratadistas de mitos solares, nos han descrito al primitivo inventor de mitos como una especie de metafísico indo germanizado, proyectando su propia sombra sobre una niebla mental, y hablando ingeniosamente del humo, o por lo menos de las nubes; convirtiendo el cielo sobre su cabeza en la cúpula del país de los sueños, pintarrajeada con las imágenes de pesadillas aborígenes. Conciben al hombre primitivo a su semejanza, y le contemplan como irresistiblemente inclinado a la propia mixtificación, o como dice Fontenelle, “sujeto a contemplar cosas que no existen”. Ellos han presentado bajo un aspecto falso al hombre primitivo o arcaico, como inducido desde un principio y de un modo estúpido, por una imaginación activa y falta de dirección, a creer toda suerte de falsedades, que eran inmediata y constantemente contradichas por su propia experiencia diaria; como un necio fantástico en medio de aquellas feas realidades con que le agobiaba la experiencia, a manera de los iceberg aplastantes que dejan sus huellas en las rocas sumergidas en el mar. Quédame por decir, y algún día se reconocerá como cierto, que estos maestros, aceptados como tales, no se han aproximado más a los principios de la mitología y del lenguaje, que el poeta Willie de Burns a Pegaso. He aquí mi contestación: Es sólo un sueño del metafísico teórico, creer que la mitología fuese una enfermedad del lenguaje o de cualquier otra cosa que no sea su propio cerebro. El origen y el significado de la mitología ha sido totalmente equivocado por estos traficantes en mitos solares. La Mitología era un modo primitivo de objetivar el pensamiento primitivo. Estaba fundada en hechos naturales, y todavía puede comprobarse en los fenómenos. Nada hay de insano ni de irracional en ella, cuando se la considera a la luz de la evolución, y cuando se comprende por completo su manera de expresarse por el lenguaje de los signos. La locura consiste en tomarla por historia humana o por revelación Divina (1). La Mitología es el depósito de la ciencia más antigua del hombre, y lo que principalmente nos interesa, es lo siguiente: cuando sea de nuevo interpretada correctamente, está destinada a ocasionar la muerte de aquellas falsas teologías a que sin saberlo ha dado origen (2).
          
  En la fraseología moderna se dice algunas veces que una afirmación es mítica en proporción de su falsedad; pero la antigua mitología no era un sistema o modo de falsificación en ese sentido. Sus fábulas eran medios de comunicar hechos; no eran ni falsificaciones ni ficciones... Por ejemplo, cuando los egipcios representaban a la luna como un gato, no eran tan ignorantes que supusiesen que la luna era un gato; ni veían en su extraviada fantasía parecido alguno de la luna con un gato; ni tampoco era el mito-gato mera expansión de metáfora verbal, ni tenían ellos intención de crear embrollos y enigmas... Habían observado simplemente que el gato veía en la oscuridad, y que sus ojos aumentaban y se hacían más luminosos por la noche. La Luna era durante la noche el vidente en los cielos, y el gato era su equivalente en la tierra; y así el gato doméstico fue adoptado como un signo natural y representativo, como una pintura viviente del orbe lunar... Y de esto provino que el Sol, que en el mundo de abajo veía durante la noche, pudo también ser llamado el gato, como sucedió, porque también vela en las tinieblas. El nombre del gato es mau en egipcio, que significa vidente, de mau, ver. Un tratadista de mitología asegura que los egipcios “imaginaban un gran gato tras del sol, el cual era la pupila del ojo del gato”. Pero esta suposición es por completo moderna. es la mercancía de Max Müller en el mercado. La Luna, como gato, era  el ojo del sol, porque reflejaba la luz solar, y porque el ojo refleja la imagen en su espejo. En la forma de la diosa Pashtr, el gato vigila por el sol, sujetando y destrozando con su garra la cabeza de la serpiente de las tinieblas, llamada su eterna enemiga.

            Ésta es una exposición muy correcta de los mitos lunares bajo su aspecto astronómico. Sin embargo, la Selenografía es la menos esotérica de las divisiones de la simbología lunar. Para dominar la Selenognosis -si se nos permite la invención de la palabra- es necesario llegar a conocer a fondo algo más que su significado astronómico. La Luna está íntimamente relacionada con la Tierra, como se ha mostrado en las Estancias; y está más directamente relacionada con todos los misterios de nuestro Globo, que el mismo Venus-Lucifer, hermano oculto y alter ego de la Tierra (3).
            Las infatigables investigaciones de los mitólogos occidentales, especialmente de los alemanes, durante el último siglo y en el presente, han hecho ver a las personas libres de prejuicios, y, por supuesto, a los ocultistas, que sin el auxilio de la simbología (con sus siete divisiones, por completo desconocidas de los modernos), ninguna escritura sagrada antigua puede ser comprendida correctamente. La simbología debe ser estudiada en cada uno de sus aspectos, pues cada nación tiene su método peculiar de expresión; en una palabra, ningún papiro egipcio, ninguna olla india, ningún ladrillo asirio ni ningún manuscrito hebreo, debe leerse y aceptarse literalmente.
          
  Esto lo saben los eruditos. Las sabias conferencias de Mr. Gerald Massey, bastan por sí solas para convencer a cualquier cristiano de recto criterio, que el aceptar la letra muerta de la Biblia, equivale a caer en un error más grosero y supersticioso que cualquiera de los que hasta el presente ha elaborado el cerebro de los salvajes insulares del mar del Sur. Pero el punto en que el orientalista -ya sea arianista o egiptólogo- que más ame la verdad, y que con más ahínco la busque, parece que continúa ciego, es el hecho de que cada uno de los símbolos en los papiros u ollas, es un diamante de muchas facetas, cada una de las cuales, no sólo encierra varias interpretaciones, sino que se relaciona igualmente con varias ciencias. De esto es un ejemplo la interpretación que se acaba de citar de la luna simbolizada por el gato, ejemplo de imagen sidéreo-terrestre; pues la luna encierra muchos otros significados además de éste, en otras naciones.
          
  Según ha sido demostrado por un sabio masón y teósofo, Mr. Kenneth Mackenzie, en su Royal Masonic Cyclopedia , hay una gran diferencia entre el emblema y el símbolo. El primero “comprende una serie mayor de pensamientos que el último, el cual, puede decirse más bien que encierra una sola idea especial”. De aquí que los símbolos -lunares o solares, por ejemplo- de varios países, comprendiendo cada uno una idea o series de ideas especiales, forman colectivamente un emblema esotérico. El último es “una pintura o signo concreto visible, que representa principios o una serie de principios, comprensibles para aquellos que han recibido ciertas instrucciones (Iniciados)”. Diciéndolo aún más claro, un emblema es generalmente una serie de pinturas gráficas, consideradas y explicadas alegóricamente, y que desarrollan una idea en vistas panorámicas, presentadas unas después de otras. De este modo los Purânas son emblemas escritos. Igualmente lo son el Antiguo o Mosaico y Nuevo o cristiano Testamentos, o la Biblia, y todas las demás Escrituras exotéricas. La misma citada autoridad dice:

            Todas las sociedades esotéricas han hecho uso de los emblemas y los símbolos, como sucede con la Sociedad Pitagórica, la de los eleusinos, la de los Hermanos Herméticos de Egipto, la de los Rosacruces y la de los Francmasones. Muchos de estos emblemas no son de conveniente divulgación, y una diferencia muy pequeña puede hacer que el emblema o símbolo difiera grandemente de su significado. Los sigilla mágicos, fundados en ciertos principios de los números, participan de su carácter; y aun cuando parecen monstruosos y ridículos a los ojos del ignorante, demuestran todo un cuerpo de doctrina a los que han aprendido a reconocerlos.

            Las sociedades antes mencionadas, son todas comparativamente modernas; pues ninguna de ellas se remonta más allá de la Edad Media. ¡Cuánto más conveniente no es, pues, que los estudiantes de las escuelas arcaicas más antiguas se abstengan de divulgar secretos de una importancia mucho más capital para la humanidad (por ser peligrosos en manos de ignorantes), que los llamados “secretos masónicos”, que se han convertido actualmente, como dicen los franceses, en los de Polichinela! Pero esta restricción puede tan sólo aplicarse al significado psicológico, o más bien al psicofisiológico y cósmico del símbolo y emblema, y aun así, sólo parcialmente. Un Adepto debe negarse a participar las condiciones y modos que conducen a una correlación de elementos (ya sean psíquicos o físicos), que pueden producir resultados perniciosos lo mismo que benéficos; pero siempre está pronto a comunicar al estudiante serio, el secreto del antiguo pensamiento en todo lo que se refiere a la historia que se halla oculta bajo símbolos mitológicos, suministrando así un horizonte mayor a la vista retrospectiva del pasado, que contenga datos útiles relacionados con el origen del hombre, la evolución de las Razas y la geognosia; y, sin embargo, esta es la queja del día, no sólo entre los teósofos, sino también entre los pocos profanos que se interesan en el asunto: ¿Por qué -dicen- no revelan los Adeptos lo que saben? A esto se les podría contestar: ¿Cómo han de hacerlo, toda vez que de antemano sabemos que ningún hombre científico aceptaría, ni siquiera como hipótesis, y mucho menos, por tanto, como teoría o axioma, los hechos que le comunicasen? ¿Habéis llegado vosotros siquiera a aceptar o creer en el abecé de la Filosofía Oculta que contiene el Teosophist, el Buddhismo Esotérico, y otras obras y revistas? ¿No ha sido, hasta lo poco que se ha dado, ridiculizado y escarnecido, y confrontado con la “teoría animal” y con la del “mono” de Huxley y de Haeckel por un lado, y con la costilla de Adán y la manzana por otro? A pesar de estas perspectivas tan poco envidiables, se da en la obra presente una multitud de hechos; y el origen del hombre, la evolución del Globo y de las Razas, humanas y animales, se tratan ahora con toda la extensión que la escritora puede hacerlo.
         
   Las pruebas que se han presentado en corroboración de las antiguas enseñanzas, se hallan esparcidas en todas las escrituras de las civilizaciones de la Antigüedad. Los Purânas, el Zend Avesta y los antiguos clásicos, están llenos de ellas; pero nadie se ha tomado la molestia de recopilar estos hechos y confrontarlos entre sí. La causa de ello es que todos estos hechos fueron registrados simbólicamente; y que los más expertos, las inteligencias más penetrantes entre nuestros arianistas y egiptólogos, han sido oscurecidas por conceptos preconcebidos, y aún con más frecuencia, por los puntos de vista parciales del significado secreto. Sin embargo, hasta una parábola es un símbolo hablado; según piensan algunos, no es más que una ficción o fábula; mientras que nosotros decimos que es una representación alegórica de realidades, de la vida, de sucesos y de hechos. Y así como de una parábola se deduce siempre una moral, siendo esta moral una verdad y un hecho real de la vida humana, del mismo modo se deducía un hecho histórico verdadero (por aquellos que estaban versados en las ciencias hieráticas), de ciertos emblemas y símbolos registrados en los antiguos archivos de los templos. 

La historia religiosa y esotérica de todas las naciones se encontraba embebida en los símbolos; nunca fue literalmente expresada en muchas palabras. Todos los pensamientos y emociones, toda la instrucción y conocimientos revelados y adquiridos de las primeras Razas, tenían su expresión pictórica en la alegoría y en la parábola. ¿Por qué? Porque las palabras habladas tienen una potencia no sólo desconocida, sino que no se sospecha siquiera, ni se cree naturalmente por los “sabios” modernos. Porque el sonido y el ritmo están estrechamente relacionados a los cuatro Elementos de los antiguos; y porque tal o cual vibración en el aire, es seguro que despierta los Poderes correspondientes, y la unión con los mismos produce resultados buenos o malos, según el caso. Nunca se permitió a ningún estudiante recitar narraciones de hechos históricos, religiosos, ni reales, con palabras que claramente los determinasen, para evitar que los Poderes relacionados con tales sucesos pudiesen ser atraídos nuevamente. Tales acontecimientos se narraban tan sólo durante la Iniciación, y todos los estudiantes tenían que registrarlos en los símbolos correspondientes, sacados de su propia mente y examinados después por su Maestro, antes de ser definitivamente aceptados. Así, paulatinamente, fue creado el Alfabeto Chino, del mismo modo que poco antes de éste habían sido determinados los símbolos hieráticos en el antiguo Egipto. En la lengua china, cuyos caracteres pueden leerse en cualquier otra lengua, y el cual, como acaba de decirse, es poco menos antiguo que el alfabeto egipcio de Thoth, todas las palabras tienen su símbolo correspondiente, en forma pictórica. Esta lengua posee muchos miles de tales símbolos, letras o logogramas, cada uno de los cuales significa toda una palabra; pues letras propiamente, o un alfabeto, como lo entendemos, no existen en el idioma chino, como tampoco existían en el egipcio, hasta una época mucho más cercana.
           
De este modo, un japonés que no sepa una palabra de chino, al encontrarse con uno de esta nación que nunca haya oído la lengua del primero, se puede comunicar con él por escrito, y se comprenderán perfectamente, puesto que su escritura es simbólica.
          
  La explicación de los principales símbolos y emblemas, es lo que ahora se intenta; pues el Libro III, que trata de Antropogénesis, sería excesivamente difícil de comprender sin un conocimiento preparatorio, al menos de los símbolos metafísicos.
           
Por otro lado, no sería justo entrar en la lectura esotérica del simbolismo, sin tributar el debido homenaje a quien ha hecho un grandísimo servicio en este siglo, descubriendo la clave principal de la antigua simbología hebrea, entretejida de modo acentuado con la metrología, una de las claves de lo que fue en otro tiempo Lenguaje del Misterio universal. Me refiero a Mr. Ralston Skinner, de Cincinnati, autor de The Key to the Hebrew-Egyptian Mystery in the Source of Measures (Clave del Misterio Hebreo-Egipcio en el Origen de las Medidas), a quien por este concepto damos las gracias. Místico y kabalista por naturaleza, trabajó durante muchos años en este sentido, y sus esfuerzos fueron verdaderamente coronados de gran éxito. Según él mismo dice:

            El que esto escribe está completamente seguro de que hubo un antiguo lenguaje que se ha perdido para los tiempos modernos hasta la época presente, pero cuyos vestigios, sin embargo, existen en abundancia... El autor descubrió que esta razón geométrica (la razón integral numérica del diámetro a la circunferencia del círculo) era el origen, muy antiguo y probablemente divino..., de las medidas lineales... Parece casi probado que el mismo sistema de geometría, de números, de razón y de medidas, era conocido y usado en el continente de la América del Norte, aun antes que lo conocieran los descendientes semitas...
           
La particularidad de este lenguaje era que podía estar contenido dentro de otro, de un modo oculto, y que no podía ser percibido sino con la ayuda de ciertas instrucciones especiales; letras y signos silábicos poseían al mismo tiempo, los poderes o significado de los números, de las figuras geométricas, las pinturas, o la ideografía y símbolos, cuyo objeto dibujado era expresamente auxiliado por parábolas en forma de narraciones o porciones de narraciones; y a la vez podían ser expuestas separada, independientemente y de varios modos, por medio de pinturas, en  trabajos en piedra o en construcciones de tierra.
                      
  Para esclarecer una ambigüedad referente al término lenguaje, diré: primero, que esta palabra significa la expresión hablada de las ideas; y segundo, que puede significar la expresión de las ideas en otra forma. Este antiguo lenguaje está de tal modo compuesto en el texto hebreo que, por medio de los caracteres escritos, al ser pronunciados forman el lenguaje primeramente definido, puede comunicarse, intencionalmente, una serie de ideas muy distintas de las que se expresan por la lectura de los signos fonéticos. Este segundo idioma manifiesta veladamente series de ideas, copias en la imaginación de cosas sensibles, que pueden ser dibujadas, y de cosas que pueden clasificarse como reales sin ser sensibles; como, por ejemplo, el número 9 puede ser tomado como una realidad aun cuando no tiene existencia sensible; asimismo una revolución, puede tomarse como dando lugar, o produciendo una idea real, a pesar de que semejante revolución no tiene substancia. 

Este lenguaje de ideas puede consistir en símbolos que se hallen concretados en términos y signos arbitrarios, que tengan un campo muy limitado de conceptos sin importancia, o puede ser una lectura de la Naturaleza, en alguna de sus manifestaciones, de un valor casi inconmensurable, para la civilización humana. Una imagen de algo natural, puede dar origen a ideas de asuntos coordinados que radien en varias y hasta en opuestas direcciones, como los rayos de una rueda, dando lugar a realidades naturales que pertenezcan a un género de ideas muy distinto de la tendencia aparente de la lectura primera, por la que se principió. Una noción puede originar la noción relacionada; pero al tener esto efecto, todas las ideas resultantes, por muy incongruentes que en apariencia sean, tienen que brotar del símbolo original y estar armónicamente relacionadas unas a otras. Así pues, con una idea dibujada, lo suficientemente radical, puede llegarse a idear el cosmos mismo hasta en sus detalles de construcción. Semejante lenguaje común no se emplea ya; pero el que esto escribe se pregunta si en alguna época muy remota no era esta lengua, o una semejante, de uso universal en el mundo, y poseída, a medida que se moldeaba más y más en sus formas de arcano, por sólo una clase o casta selecta de la humanidad. Quiero decir con esto, que el lenguaje popular o nativo comenzó, aun en su origen, a ser usado como vehículo de este modo especial de comunicar las ideas. Sobre este punto los testimonios son de mucha fuerza; y verdaderamente, parece como si en la historia de la raza humana hubiese tenido lugar, por causas que no podemos averiguar, por lo menos en el presente, la desaparición o pérdida de un lenguaje primitivo perfecto, y de un sistema perfecto de ciencia. ¿Deberemos decir perfecto porque era de origen y de importancia divino? (4).

            “Origen divino” no quiere significar aquí una revelación de un Dios antropomórfico, en una montaña en medio de truenos y relámpagos; sino, según lo entendemos, un lenguaje y un sistema de ciencias comunicados a la primera humanidad por una humanidad más avanzada, tan elevada, que fuese divina a los ojos de aquella humanidad infantil; en una palabra, por una “humanidad” de otras esferas: Esta idea no contiene nada de sobrenatural, y el aceptarla o rechazarla, depende del grado de presunción y arrogancia, de la persona a quien se le exponga. Porque, si los profesores de la Ciencia moderna confesasen tan sólo que, aun cuando nada saben del destino del hombre desencarnado -o más bien, no quieren aceptar nada-, sin embargo este futuro puede estar preñado de sorpresas y de revelaciones inesperadas para ellos (cuando sus Egos se vean libres de sus cuerpos), entonces el escepticismo materialista tendría mucha menos fortuna que la que tiene. ¿Quién de ellos sabe, o puede decir, lo que sucederá cuando el Ciclo de Vida de este Globo toque a su fin, y hasta  nuestra madre Tierra caiga en su último sueño? ¿Quién osará afirmar que los Egos divinos de nuestra humanidad -al menos los elegidos de entre las multitudes que pasan a otras esferas- no se convertirán a su vez en los instructores “divinos” de una nueva humanidad, por ellos generada, en un nuevo Globo, llamado a la vida y a la actividad por los “principios” desencarnados de nuestra Tierra? Todo esto puede haber sido la experiencia del Pasado, y estos extraños anales yacen embebidos en el “Lenguaje del Misterio” de las edades prehistóricas; el lenguaje ahora llamado SIMBOLISMO.