Helena
Blavatsky
La naturaleza humana es un
abismo, el cual la psicología y la ciencia humana en general, han sondeado
menos de lo que algunos que nunca han oído pronunciar la palabra psicología.
Nunca están más perplejos los eminentes censores de las Sociedades Científicas,
que cuando son llevados cara a cara con ese misterio insoluble, la naturaleza
interior del hombre. Sin embargo, la clave de esto, está en el ser dual del
hombre. Es la clave que ellos rehúsan usar, bien conscientes de que una vez
echada por tierra la puerta del adytum, ellos estarán forzados a dejar caer una
a una sus acariciadas teorías y conclusiones finales –habiéndose probado más de
una vez que no habían sido nada mejor que falsos pasatiempos, como todo lo
construido sobre, y comenzado desde premisas falsas e incompletas.
Si debemos
quedarnos satisfechos con las medias explicaciones de la psicología en lo
referente a los sueños sin sentido, ¿Cómo explicar en tal caso los numerosos
hechos de sueños verificados? El decir que el hombre es un ser dual; que en el
hombre –para usar las palabras de Pablo– “Hay un cuerpo natural, y hay un
cuerpo espiritual” y que, por lo tanto, el debe, por necesidad, tener un doble
conjunto de sentidos–es equivalente en la opinión del escéptico educado, a
pronunciar una falacia imperdonable, y de lo más acientífica. Sin embargo,
tiene que ser pronunciada– a despecho de la ciencia.
El hombre está innegablemente
dotado de un doble conjunto: con sentidos naturales o físicos –y que dejamos
bajo la protección de la fisiología para que los estudie; y, con sentidos
sub–naturales o espirituales, los cuales pertenecen enteramente al dominio de
la ciencia psicológica. Que quede bien entendido, que la palabra Latina “sub”,
se usa aquí en el sentido diametralmente opuesto al que, por ejemplo, se le da
en química. En nuestro caso no es una preposición, sino un prefijo como en
“subatómico”. En efecto, así como se ha demostrado que el sonido agregado de la
naturaleza es un sólo tono definido, una nota tónica que vibra desde y a través
de la eternidad; y que tiene per se una existencia innegable, aunque posea un
tono que sólo puede ser apreciado por el oído refinadamente agudo”1 –de la
misma manera la precisa armonía o disonancia de la naturaleza externa del
hombre es vista por el observador, que depende enteramente del carácter y de la
nota tónica tocada para el hombre exterior por el interior .
Es el EGO
espiritual o Centro de conciencia Espiritual el que sirve como base
fundamental, determinando el tono de toda la vida del hombre –ese instrumento,
el más caprichoso, incierto y variable de todos, y el cual, más que ningún otro
necesita de una afinación constante; es solamente su voz, la cual como los
registros graves del pedal de un órgano está por debajo de la melodía de toda
su vida –ya sea que sus tonos sean dulces o desagradables, armónicos o
desenfrenados legado o pizzicato .
Por lo tanto, nosotros decimos,
que el hombre, además del cerebro físico tiene también un cerebro espiritual.
Sí el grado de receptividad del primero depende totalmente de su propia
estructura física y desarrollo, por otro lado, está completamente subordinado
al segundo, en tanto que es sólo el Ego Espiritual el que puede impresionar más
o menos vívidamente al cerebro exterior, con la percepción de las cosas
puramente espirituales o inmateriales, ya sea que el Ego se incline más hacia
sus dos principios más elevados, o hacia su concha física.
De aquí que dependa
de la agudeza de los sentimientos mentales del Ego interior, del grado de
espiritualidad de sus facultades, el que pueda transferir la impresión de las
escenas que percibe su cerebro semimaterial, las palabras que escucha y lo que
siente, al cerebro del hombre exterior. Mientras más fuerte sea la espiritualidad
de las facultades del cerebro semiespiritual, lo más fácil será para el Ego el
despertar los hemisferios dormidos, mover a la actividad a los ganglios
sensores y al cerebelo, y grabar en el cerebro físico, –siempre en completa
inactividad y descanso durante el sueño profundo del hombre– la vívida imagen
del asunto así transferido.
En un hombre sensual, no espiritual, en uno cuyo
modo de vida, propensiones y pasiones animales han desconectado completamente
su Ego animal, astral de su “Alma Espiritual” superior; lo mismo que en aquél
cuya dura labor física ha desgastado de tal manera al cuerpo material,
haciéndolo temporalmente insensible a la voz y al tacto del Alma Astral,
–durante el sueño los cerebros de ambos hombres permanecen en un estado completo
de anemia o completa inactividad. Tales personas rara vez, o quizás jamás en su
vida, tendrán algún sueño, y menos aún “visiones que lleguen a ocurrir”.
En el
primer caso, al acercarse el tiempo para despertar, y el sueño se hace más
ligero, comienzan a ocurrir cambios mentales, que constituyen los sueños en los
cuales la inteligencia no jugará parte alguna; su cerebro semidespierto sólo
sugerirá imágenes que únicamente serán grotescas reproducciones borrosas de sus
hábitos desenfrenados de vida; mientras que en el segundo caso –al menos que
esté fuertemente preocupado con algún pensamiento excepcional– su instinto
siempre presente de hábitos activos lo despertará al instante a la completa
vigilia, sin ningún interludio, y sin permitirle permanecer en ese estado
semidormido, durante el cual, al comenzar a regresar la conciencia, vemos
sueños de varias clases. Por otro lado, mientras más espiritual sea un hombre,
lo más activa será su fantasía, y tendrá mayores probabilidades de recibir en
visión, las correctas impresiones que le sean comunicadas por su Ego que todo
lo ve y que siempre se encuentra despierto.
Los sentidos espirituales de éste
último al no estar impedidos por la interferencia de los sentidos físicos,
están en intimidad directa con su principio espiritual supremo; y éste último,
aunque per se sea una parte cuasi inconsciente de lo completamente
inconsciente, debido a que es totalmente lo Absoluto 2 inmaterial –tiene sin
embargo en sí mismo capacidades inherentes de Omnisciencia, Omnipresencia y Omnipotencia
las cuales, tan pronto como la esencia pura llega en contacto con la materia
pura sublimada, y (para nosotros) imponderable–imparte hasta cierto punto estos
atributos al Ego Astral en la medida de su pureza.
De aquí que las personas
altamente espirituales verán visiones y sueños cuando están durmiendo y aún en
sus horas de vigilia; esos son los sensitivos, los videntes nacidos
naturalmente, ahora vagamente denominados “mediums espirituales”, sin que se
haga ninguna distinción entre un vidente subjetivo, un sujeto neurypnológico, y
un adepto, alguien que se ha hecho independiente de sus idiosincrasias
fisiológicas y que ha sojuzgado enteramente al hombre exterior por medio del
interior .Aquellos espiritualmente menos dotados, verán tales sueños pero a muy
contados intervalos, dependiendo la precisión de esos últimos, de la intensidad
de su sentimiento en relación al objeto percibido.
Es así como, en este tema de la
verificación de los sueños, así como en muchos otros, la ciencia se encuentra
ante un problema no resuelto, cuya naturaleza insoluble ha sido creada por su
propia terquedad materialista, y su sistema rutinario acariciado por largo
tiempo. Porque, o bien, el hombre es un ser dual, con un Ego interior en él,
siendo este Ego el “hombre real”, distinto de, e independiente del hombre
exterior en proporción a la preponderancia o debilidad del cuerpo material; un
Ego el alcance de cuyos sentidos se extiende mucho más allá del límite otorgado
a los sentidos físicos del hombre; un Ego que sobrevive al deterioro de su
cubierta exterior –al menos por un tiempo, aún cuando un mal rumbo de vida lo
haya hecho fracasar en lograr una unión perfecta con su Centro Superior de
Conciencia espiritual, esto es el unir su individualidad con Âtma , (en cada
caso desvaneciéndose la personalidad); o bien– el testimonio de millones de
hombres abarcando varios miles de años; la evidencia proporcionada en nuestro
propio siglo por cientos de los hombres más educados –frecuentemente por las
luminarias más grandes de la ciencia– toda esta evidencia, decimos, no valdría
nada.
Con la excepción de un puñado de autoridades científicas, rodeadas por
una ansiosa multitud de escépticos y semisabios con conocimientos superficiales
que nunca han visto algo, y por lo tanto demandan el derecho a negar todo, –¡el
mundo se encuentra condenado como si fuese un gigantesco Manicomio! Tiene sin
embargo un departamento especial, y está reservado para aquellos, que. habiendo
probado estar en su cabal juicio, por necesidad, deben ser considerados como
IMPOSTORES Y MENTIROSOS.
¿Pero, es que el fenómeno de los
sueños ha sido entonces estudiado tan a fondo por la ciencia materialista, que
ella ya no tiene nada más que aprender, dado que habla en tonos tan
autoritarios sobre esta materia? Nosotros decimos que de ninguna manera.
Los fenómenos de la sensación y
la volición, del intelecto y del instinto, se manifiestan todos ellos desde
luego a través de los canales de los centros nerviosos, siendo el cerebro el
más importante de ellos. Respecto a la peculiar substancia a través de la cual
tienen lugar estas acciones– una substancia cuyas dos formas son la vesicular y
la fibrosa, se considera que ésta última es simplemente el propagador de las
impresiones enviadas hacia y desde la materia vesicular. Sin embargo aunque la
ciencia distingue esta función fisiológica, o es dividida en tres clases –la
motora, sensoria y conectora– la misteriosa operación del intelecto permanece
tan misteriosa e incomprensible para los grandes fisiólogos como lo era en los
días de Hipócrates. La sugerencia científica de que podría haber una cuarta
serie asociada con las operaciones del pensamiento no ha ayudado a solucionar
el problema, ha fracasado en arrojar el más mínimo rayo de luz sobre el
insondable misterio. Ni jamás lo podrán sondear al menos que nuestros hombres
de Ciencia acepten la hipótesis del HOMBRE DUAL .
NOTAS
1 Los especialistas consideran
que ese tono es el Fa intermedio, del piano.– Ed. del Theosophist .[H.P.B.].
2 Respecto a estas enseñanzas,
los Teistas argüirán toda clase de salvedades y los Espiritistas darán lugar a
varias objeciones. Es evidente que no se puede esperar de nosotros el que
demos, dentro de los estrechos límites de un corto artículo, una explicación
completa de esta doctrina sumamente abstrusa y esotérica. El decir que la
Conciencia Absoluta sea inconsciente de su conciencia, y que por tanto deba ser
inconciencia Absoluta para el intelecto limitado del hombre, puede parecer como
estar hablando de un triángulo cuadrado.– Ed. de Theosophist [H.P.B.]

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